¿Por qué hay jóvenes que desarrollan enfermedades de ancianos?

Actualizado 04/04/2015 13:09:22 CET
JÓVENES
Foto: CREATIVE COMMONS

MADRID, 4 Abr. (Notimérica) -

   Son muchos los jóvenes que comienzan a desarrollar trastornos y enfermedades asociados más a la vejez que a su edad. El especialista en gastroenterología colombiano Diego Gómez ha explicado que las tres razones por las que más consultas recibe son la gastritis, el reflujo y los trastornos gástricos asociados al dolor, dolencias típicas de la vejez.

   Es el caso de Juan Camilo, de 17 años, que siente que su ritmo de vida no le dejará llegar a cobrar la jubilación. La reforma de las pensiones en Colombia amenaza con aumentar la edad de jubilación, pero Juan Camilo ya siente que está viviendo la vejez. Desde hace siete meses, padece gastritis, enfermedad que afecta al 80 por ciento de la población colombiana, según ha publicado la agencia de noticias colombiana Colprensa.

   Juan Camilo no pensó que comer a deshoras podría ser la causa por la que desarrolló esta patología, pues desconocía que los malos hábitos alimenticios, así como la ingesta de alimentos contaminados con la bacteria 'helicobacter pylori', el abuso de bebidas alcohólicas, de sustancias psicoactivas y de antiinflamatorios no esteroides son los principales factores que ocasionan la gastritis en personas jóvenes.

   Ahora sabe que debe ceñirse a una estricta dieta y seguir su tratamiento para no volver a padecer una inflamación de su mucosa gástrica y con ella, el molesto ardor en la boca del estómago. "No hacer un tratamiento oportuno de un cuadro de gastritis puede traer consecuencias como la pérdida de la capacidad laboral a temprana edad, incapacidades prolongadas y úlceras gástricas", según ha explicado Gómez, que mensualmente recibe en su consulta cerca de 60 pacientes entre los 15 y 25 años por dolencias gástricas, las mismas que en ocasiones, pueden estar asociadas a factores emocionales como la ansiedad y el estrés.

   La gastritis no el único mal de la vejez que afecta a los jóvenes, sino que cada vez desarrollan más enfermedades asociadas a males que padecerían personas mucho mayores.

TÚNEL DEL CARPO.

   Debido a la utilización masiva de la tecnología, los jóvenes tienen cada vez más tendencia a sufrir el síndrome del túnel del carpo, afección que consiste en la comprensión del nervio que va desde el antebrazo hasta la mano y que se da generalmente por el uso de la extremidad en posición irregular.

   El ortopedista y traumatólogo Rubén Darío Hernández ha explicado que aparece "debilidad en los dedos o manos, sensación de hormigueo y dolor en manos y muñecas". Si un joven detecta alguno de estos síntomas probablemente se deba a la mala postura de sus brazos al realizar trabajos de oficina, a la falta de una superficie sólida donde apoyar antebrazos y manos al usar el ordenador u otros dispositivos, o la acción de movimientos repetitivos como en actividades deportivas.

CEFALEAS Y MIGRAÑAS.

   El incremento en los casos de migraña también resulta alarmante para médicos generales y neurólogos. Las intensas cefaleas o dolores de cabeza no están reservados exclusivamente para adultos pues hay quienes desde muy jóvenes deben convivir con esta patología.

   Las migrañas se pueden producir por motivos que van de un fuerte cambio hormonal, al comenzar a tomar pastillas anticonceptivas o en los cambios que se producen de la niñez a la adolescencia, una excesiva carga académica o las alteraciones en las jornadas de sueño.

TINNITUS.

   El uso de los auriculares es un factor muy común en los jóvenes. La música que escuchan con un volumen que supera los 80 decibelios podría acabar por dejarlos sordos, ya que la pérdida de audición es progresiva e irreversible.

   La audióloga de la Universidad Santiago de Cali, Eliana Cruz, señala que cada vez son más los jóvenes que acuden a consulta por tinnitus o acúfeno, es decir, por percibir un sonido dentro del oído que no tiene origen exterior y que generalmente, se presenta como un pito o zumbido producto de las largas exposiciones al ruido. Un joven que vaya cada 8 días a discotecas será más susceptible a una pérdida de audición por exposición al ruido.

DOLORES DE ESPALDA Y CUELLO.

   El ortopedista y traumatólogo de la Clínica Rafael Uribe Uribe, Juan Guillermo Montoya, ha explicado que los dolores de origen muscular, tanto lumbares como cervicales, son frecuentes en la población joven y aunque no suelen comprometer un nivel óseo, se derivan de malos hábitos y costumbres que pueden agravarse con el tiempo.

   Estilos de vida sedentarios que involucran malas posturas así como la carencia de mobiliario ergonómico son factores propicios para generar dolores musculares que se presentan principalmente en cuello y espalda. Las consultas de jóvenes son mucho más frecuentes porque los jóvenes se sientan mal, se recuestan en posiciones inadecuadas o pasan mucho tiempo en una misma posición sin permitirse cambios.

FATIGA VISUAL DIGITAL.

   Muchos jóvenes dedican gran parte de su tiempo al uso de las nuevas tecnologías y en particular de dispositivos móviles, lo cual ha generado aquello que los expertos llaman fatiga visual digital, es decir, la necesidad de forzar la vista para observar lo que se proyecta a través de una pantalla.

   Estas nuevas prácticas exponen los ojos a iluminación LED destruyendo las células fotosensitivas de la retina, un factor que según el Colegio Nacional de Óptica y Optometría (CNOO) de España, llevará al 33 por ciento de la población juvenil a sufrir de miopía en los próximos seis años. Lo recomendable es acudir al oftalmólogo para acceder a un diagnóstico certero y a la receta de una fórmula para prevenir o corregir la falla visual.

CONSEJOS DE SALUD

   Entre los consejos de salud de los expertos, deben revisarse las posturas, intentando mantener la espalda recta y apoyar los brazos a una superficie dura si va a usar el ordenador. Además, una buena alimentación y a horas regulares puede prevenir la hipoglicemia, diabetes, gastritis e incluso mejorar la visión.

   La música debe escucharse con audífonos media hora al día en niveles inferiores a los 80 decibelios, como recomienda la Organización Mundial de la Salud. Y, sobre todo, hay que descansar bien, porque el cuerpo también requiere descanso.

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