Actualizado 08/06/2015 14:31 CET

Un hombre brasileño vive en un aeropuerto desde hace 15 años

Denis Luiz
Foto: DENIS LUIZ

MADRID, 8 Jun. (Notimérica) -

   El brasileño Denis Luiz ha pasado más de 15 años de su vida refugiado en el Aeropuerto de Guarulhos, en São Paulo, para poder huir de los problemas familiares que tenía en el hogar.

   Con solo 17 años, Luiz, que era huérfano, no podía soportar la convivencia con su madrastra y decidió marcharse de casa y trasladarse al aeropuerto, que tenía la ventaja de estar abierto 24 horas.

   Desde el año 2000, ha sobrevivido gracias a la caridad de la gente y al dinero que le otorgan los trabajadores por realizar pequeños recados. Todos los empleados del aeropuerto le conocen y respetan su situación.

   La falta de contacto con la gente ha llevado a que el joven haya perdido parte de su capacidad comunicativa, sus frases son cortas y poco comprensibles, según señala UOL Noticias. Además, aunque siempre se le ve con un periódico bajo el brazo, el brasileño no sabe leer ni escribir.

   No conoce lo que ocurre fuera del aeropuerto, ni nada sobre la vida política de su país. Algunos de sus compañeros en Guarulhos indican que los maltratos que sufrió en la infancia pudieron dejar en él graves secuelas psicológicas.

   Un médico de una compañía de seguros, Flávio Faria, que trabaja en el Aeropuerto desde hace más de 20 años, señaló a UOL que Denis "necesita muchos años de tratamiento psicológico y psiquiátrico, pero antes, es necesario que un especialista le haga un diagnóstico completo y cuide de él".

   Los funcionarios se encargan de sus cuidados básicos: preparan su comida, lavan su ropa y le traen algunos detalles de casa. Todo el mundo le ha cogido mucho cariño. Su dieta se basa en arroz con frijoles y algún café que las cafeterías del aeropuerto le dan por caridad.

   El diario destaca que Denis solo puede tomar una ducha los sábados, ya que el precio de la misma, 47 reales (14,97 dólares), queda fuera de su apretada economía.

    En aquellos momentos en los que el aeropuerto está menos ajetreado, el joven decide ir a la zona que se ha convertido en su pequeña 'habitación' y se recuesta sobre tres asientos de la Terminal 2, tapándose con una manta.

   "Tiene miedo de abandonar el aeropuerto y no poder regresar nunca más", comentó Luiz a las trabajadoras de una tienda, donde guarda su cojín y su manta cada mañana.