Jóvenes iberoamericanos se preparan para "triunfar" entre los fogones de restaurantes españoles

Jóvenes iberoamericanos curso de heladería
NOTIMÉRICA
    
Actualizado 21/11/2018 10:15:46 CET

   MADRID, 21 Nov. (Notimérica) -

   Dieciséis jóvenes de doce nacionalidades diferentes se concentran alrededor de la peruana Helena Paiva, quien les está ofreciendo una master class sobre cómo preparar helados artesanales dentro del curso de cocina que están realizando. La cocina está reluciente y eso es porque su profesor titular, el estrella Michelin Pepe Gorines, así se lo ha inculcado desde el primer día de este curso que les brinda la ONG CESAL con el objetivo de insertarles de nuevo en la sociedad y en el mundo laboral. Todos los alumnos proceden de situaciones en grave riesgo de exclusión y entre ellos hay españoles, africanos y varios iberoamericanos que desde el 5 de octubre buscan la oportunidad de rehacer sus vidas.

   Los catorce chicos y dos chicas que componen la clase han sido seleccionados por CESAL en base a sus necesidades económicas y fundamentalmente sociales, tal y como explica a Notimérica desde la puerta de la cocina la responsable de Comunicación de esta ONG, Cali Hornos. A los encargados de la Escuela de Hostelería, uno de los principales proyectos de CESAL, se les ocurrió la posibilidad de crear también una empresa social que pudiera dar servicio de catering a diferentes empresas con dos objetivos fundamentales: el de ofrecer una salida a algunos de los alumnos del curso y el de generar ingresos para autofinanciarse. Esto último avanza despacio, todo lo contrario a lo que lo hacen los estudiantes, que en poco más de un mes que llevan en el curso ya dominan varias técnicas de la cocina española.

   El objetivo es que los cuatro meses de formación 'teórica' en los que "se aprende haciendo", así como los dos meses de prácticas que pasarán entre los fogones de algunos de los restaurantes más conocidos de Madrid, les catapulten hacia un empleo estable. "Es muy poco tiempo, pero el suficiente para conseguir que se formen como ayudantes de cocina dignos", señala Pepe Godines, que hace dos años decidió cambiar la alta cocina y los reconocimientos por la enseñanza y hoy se siente "plenamente satisfecho con la decisión".

   Una vez terminadas las prácticas, el convenio de CESAL con los establecimientos hosteleros supone que cuando dispongan de una vacante se comprometen a contratar a los jóvenes que han realizado allí sus prácticas, por lo que casi el cien por cien de los alumnos de la Escuela encuentran empleo tras haber realizado su aprendizaje.

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   Formación que es básicamente técnica y se imparte de martes a viernes en un local situado en el distrito de Bilbao, muy próximo al cementerio de La Almudena. Los lunes, al tratarse de jóvenes que están desconectados con la vida social, reciben clases de habilidades como son el trabajo en equipo, aprender la importancia de la empatía con el prójimo, retomar la escritura u otras en las que se les enseña "la importancia de la puntualidad, la formalidad en los trabajos y el saber estar", dice Cali. Y de vez en cuando, cuando existe la oportunidad de conseguir una formación extra, se desplazan a donde sea necesario.

HELADOS DE LA MANO DE HELENA

   Helena llegó a España desde Perú hace veinte años e hizo suyo el dicho de que 'Es mejor dar que recibir'. Pese a las graves dificultades que tuvo que atravesar derivadas de encontrarse sola en un país nuevo y haber dejado a sus hijos y el resto de su familia en su país natal, llegó "cargada de sueños" que hoy intenta transmitir a otros. Su clase magistral no es solo técnica. Helena se siente reflejada en esos jóvenes que hoy aprenden de la maestra heladera en la que se ha convertido.

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   Después de trabajar en empleos de diferentes ámbitos, hace diez años que llegó a la industria heladera y ahora, cuando CESAL le propuso sumarse a este proyecto no lo dudó. "A mí la vida me puso muchas zancadillas y siempre tuve la fuerza de comenzar de nuevo, así que estoy segura de que puedo aportar mi pasión y conocimientos a estos chicos", comenta tras terminar la clase. Este, reconoce, es uno de esos sueños con los que llegó hace dos décadas y hoy ve materializado. "De pronto me ha llenado de alegría y esperanza porque he visto y sentido que los jóvenes que asistieron están dispuestos a recibir la enseñanza necesaria para salir adelante. Teniendo en cuenta que todos son muy distintos, pues vienen de nacionalidades bien distintas, he percibido sus ganas de superarse y triunfar", añade.

DANI, RANDY Y JULIANA

   Daniel Rodríguez, Randy Rodríguez Cabrera y Juliana Giménez de León son tres de los alumnos que este año participan en la Escuela de Hostelería. A todos les une que son inmigrantes, que están aquí en situaciones vulnerables y, quizás lo más importante, que son grandes amantes de la cocina desde niños. A todos les enseñaron sus abuelas a preparar los platos típicos de la gastronomía de sus países.

   Dani es peruano. Tiene 21 años y llegó a España hace tan solo tres meses. A los pocos días, un amigo le habló de los proyectos de formación de CESAL --que además de la cocina tiene otros cuatro talleres-- y aplicó para obtener una plaza en el de hostelería. Vino a España solo años después de que lo hicieran su madre y su abuela, con quienes ahora ha podido reunirse. Siempre le gustó la cocina y pese a no haberse dedicado nunca a ello a nivel profesional, hoy aspira a lo más alto: "Quiero triunfar, llegar a lo más top, ser jefe de cocina y dueño de mi propio restaurante; sueño con ver que los comensales están alegres con lo que yo preparo".

   Randy es aún más joven. Tiene 17 años y llegó a Madrid desde República Dominicana hace dieciocho meses. Durante este tiempo no ha tenido trabajo ni tampoco ha estudiado nada. Aprendió a cocinar los platos típicos de la gastronomía dominicana y ahora, mientras sigue las órdenes de Helena para batir los plátanos hasta que queden como un puré, presume de la pasta carbonara que ha aprendido a preparar. Salió de República Dominicana porque "allí no había oportunidades de trabajo" y no se plantea volver.

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   La misma edad que Randy tiene su compatriota Juliana. Lleva en España desde los catorce años y vive en el centro de acogida de Colmenar Viejo porque su madre, que también vive en España, no podía darle las condiciones de vida que quería para su hija. Su entrada al curso fue una apuesta personal de Pepe, quien vio en ella las cualidades necesarias.

   Dice el chef que la evolución de los chicos se nota en la sonrisa. Que llegan inseguros, pensando que nadie cree en ellos, y salen de allí "mirando de tú a tú" a cualquiera que esté con ellos en una cocina. Pepe, que sin quererlo se convierte en el nuevo referente de los jóvenes, sabe que su evolución es "enorme" a nivel técnico, pero sobre todo a nivel personal, porque al salir de aquí se sienten "realizados por fin".

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