Actualizado 05/12/2017 09:58

La masacre de las bananeras "sí existió": una historiadora desmonta las declaraciones de la congresista Cabal

Bananeras
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   BOGOTÁ, 29 Nov. (Notimérica) -

   "La masacre de las bananeras es un mito histórico". Esta fue la frase que dijo la representante a la Cámara colombiana María Fernanda Cabal, y que valió para ser trending topic en Twitter.

   Pero esta afirmación la desmiente la historiadora Leidy J. Torres, quien escribió un texto sustentado con datos y telegramas, al que ha llamado "La historia en tiempos de posverdad" y que ha desmontado a la congresista.

   Según dijo Cabal en un programa de radio colombiano, "los ignorantes son ellos (los tuiteros) que se dejan llevar de los mitos que han tergiversado la historia de Colombia. En esa masacre murieron más soldados que trabajadores, porque los trabajadores estaban usando armas", aseguró la congresista.

   Entre muchas de las afirmaciones que Cabal dijo con respecto a la masacre de las bananeras, ocurrida en los años veinte en Colombia, aseguró que se trata de un "mito histórico de la narrativa comunista". "Gabriel García Márquez crea el mito de los 3.000 trabajadores asesinados; no los consigue usted ni recogidos de las poblaciones vecinas para que vayan y trabajen. Eso no es cierto", sentenció la funcionaria.

   Sin embargo, la historiadora Leidy J. Torres elaboró para el diario 'Semana' un texto completo sustentado con datos y telegramas de la época en el que deja entrever que las afirmaciones de Cabal son "distorsiones de la realidad con fines políticos en tiempos de la posverdad".

DESMONTANDO DECLARACIONES

   Estos son algunos fragmentos que la experta escribió para el mencionado medio desmontando las declaraciones de Cabal.

   "La Masacre de las bananeras de 1928 es uno de los hechos históricos más recordados por los colombianos" (...) "los historiadores han concluido que, efectivamente, detrás de las cifras de la masacre hay una enorme indefinición. No obstante, de falta de certezas en los números a negar la masacre hay un largo trecho".

   "No es cierto, como dice la congresista, que 3.000 fuera un número exagerado de trabajadores para la zona bananera. Desconoce Cabal la importancia económica del cultivo de banano de las primeras décadas del siglo XX, las dimensiones de la migración de campesinos hacia las plantaciones y las cifras que el mismo New York Times registra el 26 de noviembre de 1928, cuando establece la cantidad de huelguistas en 12.000".

   "(...) ignora, de nuevo, la congresista Cabal, que el mismo Jefe Civil y militar de la Provincia de Santa Marta, el General Carlos Cortés Vargas, enviado por el presidente Miguel Abadía a lidiar con el conflicto, señalaba apenas un día antes de la masacre que "la organización de los huelguistas era sorprendente" y "aunque armados de machetes ni huyen ni atacan, pero rodean las tropas con la esperanza de que los oficiales simpaticen con ellos".

   "Si 9 personas asesinadas no le parecen suficientes a la Senadora para aceptar que lo ocurrido en Ciénaga fue una masacre, tendremos entonces que recurrir nuevamente a Washington. El Embajador norteamericano en Colombia para 1928, Jefferson Caffery, reportó 100 muertos recién ocurrida la masacre. Para el 14 de diciembre sus estimaciones sobrepasaban el centenar y los heridos los contaba en más 200. Ya en uno de sus últimos telegramas sobre el tema tenía "el honor de informar que el asesor legal de la UFC aquí en Bogotá dijo ayer que el total de huelguistas muertos por las autoridades militares colombianas estaban entre 500 y 600".

   "Las cifras sobre la masacre de las bananeras son controvertibles, por supuesto, como también lo es la cantidad de personas torturadas y asesinadas en los campos de concentración de Auschwitz. Incluso las circunstancias en las cuales se abrió fuego a los huelguistas en 1928 también pueden ser discutidas. Sin embargo, ese debate debe pasar por los argumentos informados, basados en fuentes de información relativamente creíbles y por la sensibilidad, que parece hemos perdidos los colombianos, para sentir la misma indignación por la matanza de 9 trabajadores, de 600, o de 3.000. El punto no es el número de muertos, sino la necesidad de no invisibilizar las víctimas de la violencia, vengan del espectro que vengan, en el presente o en el pasado", concluye en su escrito la historiadora.