Actualizado 21/09/2016 10:29 CET

México y El Vaticano, un matrimonio conflictivo

México y El Vaticano
GETTY

    CIUDAD DE MÉXICO, 21 Sep. (Notimérica) -

   Este 21 de septiembre se cumplen 24 años del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y El Vaticano, interrumpidas por un siglo y retomadas por un principio de constitucionalidad "que reconoce la personalidad jurídica de las iglesias y demás agrupaciones religiosas".

   Pese a que México es el segundo país del mundo con mayor número de católicos, las relaciones diplomáticas entre el país iberoamericano y la Santa Sede siempre han sido difíciles, permaneciendo 131 años --concretamente desde 1861 hasta 1992-- suspensas.

   Además de una gran cantidad de creyentes, México posee una tradición laica que se impone en la vida pública, reflejada en la firme separación entre Iglesia y Estado, conviviendo la fe con el anticlericalismo.

   La historia de la Iglesia Católica en México --y en Iberoamérica en general-- está ligada a la Conquista, cuando la espada de los españoles y la fe católica se impusieron sobre los pueblos originarios. A partir de este momento se percibió que la Iglesia amasaría con mucho poder espiritual y terrenal en los siglos siguientes.

   Este argumento es apoyado por algunas figuras de prestigio en México, como el miembro de la Academia Mexicana de Historia y profesor del Colegio de la Frontera Norte, además de uno de los mayores expertos en México en la materia, Manuel Ceballos Ramírez, según informó 'univision noticias'.

   Durante el siglo XVIII, la dinastía borbónica expidió una serie de medidas anticlericales --incluyendo la expulsión de los jesuitas-- que explican, según Ceballos, que la independencia de México la impulsaran en la práctica sacerdotes como Miguel Idalgo o José María Morelos.

   Sin embargo, después de la independencia, el artículo 3 de la Constitución de 1824 prescribía que la única religión del Estado mexicano era la Católica, sin tolerancia de ninguna otra. Según Ceballos, "todos los documentos de la época afirman la supremacía de la Iglesia Católica en la nación mexicana".

   En 1857, la Constitución liberal mexicana consagró el Estado laico. Los bienes de la Iglesia se confiscaron, el delegado apostólico fue expulsado y se introdujeron el matrimonio civil y la educación laica como parte de una reforma que suprimió los privilegios del clero.

   Ya en el siglo XX, entre 1926 y 1929, se libró la denominada Guerra Cristera, también conocida como Cristiada, que enfrentó a católicos armados al grito de "viva Cristo Rey" y al gobierno anticlerical de Plutarco Elías Calles, contienda que se saldó la muerte de miles de personas.

   Una de las hazañas más destacadas durante la Guerra Cristera fue la de un niño mexicano que con tan solo 14 años fue ahorcado y acuchillado por sus verdugos en febrero de 1928, a la que se le atribuye la frase: "Nunca ha sido tan fácil ganarse el cielo como ahora".

   Sueño con el que este niño convenció a su madre para dejarlo unirse a los rebeldes y que el Vaticano anunció que elevaría a los altares, donde haría compañía a 25 cristeros más que ostentan ya la condición de santos.

   En los últimos años las relaciones mejoraron a partir de la reforma constitucional de 1992, en la que se volvió a reconocer la personalidad jurídica de la Iglesia Católica.

   La última visita de un papa a México se produjo el pasado febrero, cuando el papa Francisco acudió al Palacio Nacional --sede del Gobierno-- algo que no había ocurrido en ninguna de la seis anteriores visitas de un papa al país, y que gracias a la reconciliación de ambos estados pudo producirse.