Mujeres a doble jornada: la desigualdad que reina en las tareas domésticas

Ama de casa
PIXABAY
Actualizado 08/10/2018 8:49:05 CET

   CIUDAD DE MÉXICO, 7 Oct. (Notimérica) -

   Trabajan a doble jornada y solo cobran por una. Después de un día de trabajo completo son muchas las mujeres en México --y en el mundo-- que llegan a su casa y continúan con las labores de cuidado doméstico y personal, tareas que, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), son desempeñadas por mujeres en un 80 por ciento de los casos.

   A pesar de que todos necesitamos cuidados, son las mujeres en tres cuartas partes de las ocasiones las que ejercen de cuidadoras de niños, enfermos y ancianos de forma no remunerada. "Ningún país del mundo registra una prestación de cuidados no remunerada igualitaria entre hombres y mujeres", asegura la OIT.

   La investigadora de El Colegio de México (Colmex) Brígida García ha tratado esta situación en su artículo 'El trabajo doméstico y de cuidado: su importancia y principales hallazgos en el caso mexicano', en el que defiende que "se hace cada vez más evidente la doble presencia, el segundo turno, la doble jornada de las mujeres que han incrementado su participación en los mercados laborales nacionales y en las transferencias o cadenas globales de cuidado".

   Con esta dedicación a las tareas de cuidado las mujeres suplen la ausencia de un Estado de Bienestar fuerte que pueda hacerse cargo de personas dependientes por uno u otro motivo creando, en palabras del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) "un subsidio invisible para el sistema económico".

   Esta doble tarea que desempeñan las mujeres, en ocasiones sin ni siquiera ser consciente de su indispensable aportación al bienestar de la familia, procede de la incorporación de la mujer al mercado laboral sin que las tareas domésticas, tradicionalmente desarrolladas por abuelas, madres y hermanas, fuesen compartidas con los hombres.

   Las tareas domésticas y de cuidado son consideradas en ocasiones un deber femenino. Según dato de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) el 23 por ciento de los hombres y el 21 por ciento de las mujeres están de acuerdo con la frase "las mujeres deben ayudar en los quehaceres del hogar más que los hombres".

   La situación se ve agravada por el escaso apoyo de los servicios públicos, que se han ido precarizando en materia de cuidados. "La resolución a estas carencias no puede quedarse en que se distribuyan las cargas entre la pareja y al interior de la familia, porque la atención del cuidado que implica la sostenibilidad de la vida es una resolución pública, no privada", ha asegurado la investigadora Makieze Medina, miembro de la 'Red de Cuidados de México'.

UN DEBER FEMENINO

   Aunque la situación está cambiando y cada vez más hombres dedican tiempo a las labores domésticas, esta sigue siento una actividad de "asignación" femenina. Valentina Zendejas, subdirectora del Instituto de Liderazgo Simone Beauvoir, ha asegurado que ellos "lo hacen en la medida que su trabajo remunerado les permita hacerlo, pero las actividades que se tienen que hacer sí o sí siguen siendo responsabilidad de las mujeres".

   "Es un trabajo duro y no remunerado, por eso los hombres no lo quieren hacer. (...) Nadie lo quiere hacer pero se tiene que hacer para que funcione la familia, los hogares son como pequeñas economías, alguien tiene que administrarlos", apunta también la directora de organización EQUIS-Justicia para las Mujeres.

   La feminidad asociada a estas labores es tan intensa, que cuando una mujer no tiene tiempo para dedicar a los cuidados y la administración del hogar es otra mujer la que los realiza, ya sea contratada o alguna familiar. Los cuidados y las tareas domésticas se delegan, así, de mujer a mujer.

   "Como todas las desigualdades, no nos afectan de igual manera a todas las mujeres. Las que tenemos recursos lo subcontratamos, siempre a otra mujer. Las que no tienen recursos se dividen, tienen una jornada más larga, le piden a la abuela --que trabaje de manera no remunerada, por supuesto-- a las hijas, es decir, es un trabajo que siempre nos pasamos unas a otras", ha explicado Zendejas, tal y como ha recogido el diario mexicano 'Animal Político'.

   Esta desigualdad en las responsabilidades domésticas redunda también en el crecimiento de la brecha salarial. Dedicar gran cantidad del tiempo al cuidado tiene como consecuencia que las mujeres sufran discriminación laboral siendo penalizadas por dedicarse, entre otras cosas, al cuidado de los hijos. Además, la ausencia de tiempo derivada de encargarse solas de estas tareas "extra" supone que, en ocasiones, las empresas les den menos responsabilidades, menores posibilidades de ascender y que no puedan llevar a cabo horas extra.

   La brecha salarial y, en el peor de los casos, la dependencia económica tiene también consecuencias en los casos de maltrato, situaciones de las que algunas mujeres no se sienten capaces de escapar por no poder mantenerse económicamente, a pesar de haber dedicado sus jornadas completas al cuidado de la familia y el hogar.

   Desligar estas actividades indispensables de la idea de que forman parte del 'rol femenino' es una tarea de todos, una evolución del imaginario colectivo y, como no, inseparable del deber público de proveer de los servicios necesarios para que la igualdad efectiva entre hombres y mujeres empiece, primero, en las casas.

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