Publicado 21/12/2020 12:32CET

El Papa arremete contra la "polarización" de los que dividen a la Iglesia con las categorías de "derecha e izquierda"

ROMA, 21 Dic. (EUROPA PRESS) -

El Papa ha arremetido contra la "polarización" de los que dividen a la Iglesia con las categorías de "derecha e izquierda" o "progresista y tradicionalista", al tiempo que ha invitado a la Curia romana a huir del conflicto, que "siempre busca culpables a quienes despreciar y justos a quienes justificar".

"La Iglesia, entendida con las categorías de derecha e izquierda, progresista y tradicionalista, fragmenta, polariza y traiciona su verdadera naturaleza. No debe convertirse en ganadores y perdedores. Así se hará más rígida y se aleja de la riqueza otorgada por el Espíritu", ha señalado Francisco en su mensaje que como cada año ha dedicado a los cardenales que forman parte de la Curia de Roma, es decir los que trabajan en los dicasterios y departamentos operativos de la Santa Sede, con motivo de la Navidad.

El pontífice ha analizado las consecuencias que la pandemia ha provocado en diversos ámbitos y también en la Iglesia y ha instado a "analizar la crisis con esperanza, a la luz del Evangelio, huyendo del conflicto, que siempre busca culpables a quienes despreciar y justos a quienes justificar". "Esto provoca grupos cerrados que empobrecen a la Iglesia", ha remachado.

Por ello, ha pedido dejar de lado la lógica del conflicto que "siempre busca 'culpables' a quienes estigmatizar y despreciar y 'justos' a quienes justificar, para introducir la conciencia --muchas veces mágica-- de que esta o aquella situación no nos pertenece".

Para el Papa, esto provoca "el crecimiento o la afirmación de ciertas actitudes de carácter elitista y de 'grupos cerrados' que promueven lógicas limitadoras y parciales, que empobrecen la universalidad de nuestra misión".

"La Iglesia es un Cuerpo perpetuamente en crisis, precisamente porque está vivo, pero nunca debe convertirse en un Cuerpo en conflicto, con ganadores y perdedores. De lo contrario -ha añadido-- difundirá temor, se hará más rígida, menos sinodal, e impondrá una lógica uniforme y uniformadora, tan alejada de la riqueza y la pluralidad que el Espíritu ha dado a su Iglesia".

De este modo el pontífice ha destacado que, sin la Gracia del Espíritu Santo, se puede comenzar a pensar en la Iglesia de "modo sinodal", pero, en lugar de hacer referencia "a la comunión, se la concibe como una asamblea democrática cualquiera, formada por mayorías y minorías".

Así, ha instado alejarse de actitudes como "la murmuración" o "el chismorreo" que encierran en la "más triste, desagradable y sofocante autorreferencia, y convierte cada crisis en un conflicto". En su discurso navideño, también ha advertido del "peligro de juzgar precipitadamente a la Iglesia por las crisis que causaron los escándalos de ayer y de hoy". El Papa ha lamentado las veces en que los "análisis eclesiales parecen historias sin esperanza" al tiempo que ha insistido en que "una lectura desesperada de la realidad no se puede llamar realista".

"La esperanza da a nuestros análisis lo que nuestra mirada miope es tan a menudo incapaz de percibir", ha señalado el Papa, que ha insistido también en que "Dios sigue haciendo germinar las semillas de su Reino entre nosotros". Incluso, en el interior del Vaticano: "Aquí en la Curia hay muchos que dan testimonio con su trabajo humilde, discreto, silencioso, leal, profesional y honesto. Nuestra época también tiene sus problemas, pero también tiene el testimonio vivo del hecho de que el Señor no ha abandonado a su pueblo, con la única diferencia de que los problemas aparecen inmediatamente en los periódicos, en cambio los signos de esperanza son noticia sólo después de mucho tiempo, y no siempre".

Y ha manifestado: "Sería bueno que dejáramos de vivir en conflicto y volviéramos en cambio a sentirnos en camino". El pontífice ha reflexionado en su alocución sobre las diferentes crisis que este año ha vivido la Humanidad, marcada por el drama del coronavirus, y la propia Iglesia. También ha hecho referencia a la reforma de la Curia, sobre la que ha enfatizado que no hay que pensar en ella "como un remiendo en un vestido viejo, o la simple redacción de una nueva Constitución apostólica". Y ha instado: "Que no haya nadie que voluntariamente obstaculice la obra que el Señor está realizando en este momento".

A su vez, ha recordado su oración en una majestuosa y vacía plaza de San Pedro, el pasado 27 de marzo, al recordar que quiso rezar "por todos y con todos" y que tuvo "la oportunidad de decir en voz alta el significado posible de la tempestad que había golpeado al mundo". El pontífice ha considerado nuevamente que "nadie puede pelear la vida aisladamente". "Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!", ha declarado.

"Soñemos como una única humanidad, como caminantes hechos de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos", ha concluido el Papa, citando su propia encíclica.