La paradoja del hambre y la obesidad en la región latinoamericana

HAMBRE
WIKIMEDIA COMMONS
Publicado 12/11/2018 14:06:56CET

   CIUDAD DE MÉXICO, 12 Nov. (Notimérica) -

   La Organización Mundial de la Salud (OMS) define obesidad como "enfermedad crónica que se caracteriza por acumulación excesiva de grasa o hipertrofia general del tejido adiposo en el cuerpo". Hoy se celebra el Día Mundial Contra la Obesidad, una jornada en la que se pretende informar y concienciar sobre este mal que desde el año 1975 ha triplicado sus cifras en todo el mundo y que, como mínimo, acaba con la vida anualmente de 2,6 millones de personas.

   Según las últimas cifras publicadas por la OMS, en la actualidad la obesidad o sobrepeso está presente gran cantidad de la población adulta, contándose 1.000 millones de adultos con sobrepeso y otros 300 millones obesidad. Este mal, además de conllevar el aumento de peso, interfieren negativamente en las personas al convertirlas en propensas a sufrir depresión, fatiga o apnea del sueño, entre otras cuestiones.

   Sin embargo, lo que más llama la atención a día de hoy es que la obesidad ha dejado de ser un problema limitado a los países con mayor poder adquisitivo. Hoy, la desnutrición y la obesidad coexisten en el mismo territorio, y América Latina es un región en la que esta brecha entre unos y otros es muy notable. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indica que anualmente se suman 3,6 millones de personas obesas en el territorio latinoamericano, al tiempo que el hambre ha aumentado en tres países desde 2014.

   Como indica la FAO, en la región latinoamericana "coexisten diversas formas de malnutrición, entre las cuales encontramos el hambre, la desnutrición, la deficiencia de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad". Según detalla, "la prevalencia de la subalimentación se ha estancado desde el 2014, ya que se ha mantenido en torno al 6,1 por ciento de la población. Sin embargo, el número de personas con hambre se ha incrementado constantemente desde el 2014, pasando de 38,5 millones de personas a 39,3 millones de latinoamericanos y caribeños en el 2017".

   Por su parte, indica la FAO, "el sobrepeso y la obesidad en adultos ha tendido a incrementarse en la región durante las últimas dos décadas: la tasa de sobrepeso pasó de 44 por ciento a 58 por ciento entre 1995 y 2015, mientras que la tasa de obesidad pasó de 14 por ciento a 24 por ciento en el mismo periodo. De mantenerse la tendencia actual, se estima que en el 2030 la proporción de población adulta en América Latina y el Caribe con sobrepeso aumentaría a 70% y la población con obesidad alcanzaría a un 30 por ciento de la población regional".

   ¿Cómo se explica entonces el aumento dual del hambre y la obesidad?

   La FAO explica el proceso indicado que "cambios demográficos, sociales y económicos rápidos han llevado a una mayor urbanización y a cambios en los sistemas alimentarios, los estilos de vida y los hábitos alimentarios. En consecuencia, los hábitos alimentarios se han volcado hacia un mayor consumo de alimentos altamente procesados e hipercalóricos, con un alto contenido de grasas saturadas, azúcares y sal y un bajo contenido de fibra. Dichos cambios conllevan una modificación del perfil de estado nutricional y enfermedades relacionadas con la alimentación".

    "La transición nutricional trae consigo gradualmente un aumento en el consumo energético de la población, incluso entre las personas más vulnerables. La desnutrición y algunas carencias de nutrientes, comienzan a disminuir al tiempo que el consumo excesivo de alimentos hipercalóricos y elaborados con un alto contenido de grasas, sal y azúcares aumenta, convirtiéndose en un problema cada vez más generalizado en los países", al mismo tiempo que, como asegura la entidad, "el sobrepeso y la obesidad está asociada a la inseguridad alimentaria a través del tipo de alimentos a los que tiene acceso la población que se encuentra en esta condición".

   Así, la FAO explica que "los alimentos nutritivos y frescos tienden a ser costosos con respecto a otro tipo de alimentos como, por ejemplo, los alimentos industrializados. Por lo tanto, cuando comienzan a escasear los recursos de los hogares destinados a la alimentación, las personas eligen alimentos relativamente menos costosos que, a menudo, tienen una alta densidad calórica y un bajo contenido de nutrientes". De esta manera puede ligarse la pobreza con el sobrepeso, pues "las personas afectadas por inseguridad alimentaria tienen menos probabilidades de tener acceso físico a los mercados donde poder comprar alimentos nutritivos y saludables a precios asequibles".

   A ello se suma el desconocimiento educacional sobre nutrición, igual que debe tenerse en cuenta que el "no tener acceso a determinados alimentos, o un acceso adecuado, a menudo genera sensaciones de ansiedad, estrés y depresión, que a su vez pueden conducir a comportamientos que aumentan el riesgo de padecer sobrepeso y obesidad", indica el informe.