Actualizado 04/10/2015 13:19 CET

¿Cómo parar la deforestación en Brasil?

   BARCELONA, 4 (Reuters/Notimérica)

   Brasil ha reducido la deforestación en el Amazonas un 82%. La presidenta brasileña, Dilma Roussef, dijo en las Naciones Unidas el domingo que Brasil contribuía en un nuevo acuerdo global, con el fin de frenar el cambio climático.

   En los próximos 15 años, los objetivo las naciones latinoamericanas son eliminar la deforestación ilegal, restaurar y reforestar 12 millones de hectáreas, recubrir otros 15 millones de pastos degradados, y establecer cinco millones de hectáreas más de tierra en la que coexisten ganado, cultivos y bosques, indicó la presidenta.

   Brasil es a menudo alabada internacionalmente como ejemplo de cómo la voluntad política, la legislación y los incentivos adecuados combinados pueden terminar con la tala de bosques. Pero la batalla no esta ganada y la deforestación se disparó en 2013, sobre todo en áreas donde se está produciendo un crecimiento agrícola.

   "Estamos deforestando nuestro planeta desde los últimos 40 años, no esperéis que cambie en una noche", dijo Andre Mitchell, fundador y director ejecutivo del Global Canopy Programme (GCP).

   Según un nuevo reporte del GCP, más del 50% del bosques tropicales de todo el mundo se han perdido en los últimos 50 años, con Indonesia reemplazando a Brasil como el país con la mayor proporción de deforestación.

   En la última década, alrededor de dos tercios de la deforestación global fue provocada por la producción de productos agrícolas: aceite de palma, productor de papel y madera, soja, carne de vaca y cuero, y en menor media, biocombustibles, dice el informe.

   Pero más recientemente algunas de las compañías más grandes que producen y tratan esos productos se han dado cuenta de que destruir la naturaleza no tiene sentido para sus negocios a largo plazo, aseguró Mitchell.

   El reconocimiento ha dado lugar a una serie de promesas de las corporaciones, que se han comprometido a parar las operaciones que causen la pérdida de bosques, en muchos casos para 2020 o antes de esa fecha.

   Algunos son esfuerzos combinados. La Declaración sobre los Bosques de Nueva York en 2014, firmado por las empresas, gobiernos e indígenas, promete rebajar la tala de bosques tropicales a la mitad en 2020 hasta 2030.

   Los nuevos Objetivos del Desarrollo Sostenible, adoptados el viernes por 193 países, prometen avanzar en la gestión sostenible de los bosques, detener la deforestación, restaurar los bosques degradados y aumentar considerablemente la plantación de árboles para 2020.

   Mientras la deforestación no ha recibido mucha atención, es uno de los objetivos mundiales a lograr con un impulso adicional para cubrir el último tramo, según un estudio del Instituto de Desarrollo de Ultramar con sede en Londres.

   Aunque se espera seguir con el tema de la deforestación a corto plazo, para 2020 se espera aumentar la proporción de bosques en el mundo, por lo que en 2030 se espera que haya casi tanto bosque como hoy, indicó.

ACEITE DE PALMA POR DELANTE

   Para cumplir con las metas y poner fin a la deforestación, el GCP argumenta que las compañías deben cumplir sus compromisos con todos los productos de su cadena de suministros.

   Hoy, solo el 7% de las 250 empresas más grandes han firmado un compromiso de cero deforestación, mientras que el 59% no tiene ninguna política al respecto.

   Y las promesas varían según el producto. Un informe de este mes del Cambio de Alimentación, un proyecto sin ánimo de lucro con sede en Washington, señaló que, de 41 empresas que habían apoyado la Declaración de Nueva York sobre los Bosques, el 94 por ciento se había comprometido públicamente a reducir el riesgo de la deforestación ligada al aceite de palma.

   Para la soja, sin embargo, la cifra fue de sólo el 41 por ciento y para el ganado, el 50 por ciento.

   Los sistemas de certificación para la soja y el ganado aún se tienen que hacer populares, mientras que la Mesa Redonda sobre el aceite de palma certifica el 20% de la producción mundial de la misma.

   Mitchell instó a reformas que impulsarían la demanda de productos sostenibles que no dañen el medio ambiente. "Tenemos que empezar a hacer las cosas buenas más baratas que las cosas malas ", dijo a la Fundación Thomson Reuters.

   Los cambios en los aranceles de importación y exportación, los impuestos sobre bienes, los subsidios y las políticas de contratación públicas podrían ayudar a esto, señalaron. Los países en desarrollo, que son grandes importadores de productos básicos como el aceite de palma --por ejemplo, China y la India-- también deben sumarse, agregó.

   La suma debería hacer posible que las cadenas de suministros Europeas con sede en Norteamérica fueran sostenibles para 2020 y, para el resto del mundo, en 2030, estimó Mitchell.

   Esta clave está haciendo despertar las amenazas de las firmas financieras, incluyendo los bancos comerciales, de sus políticas de préstamos actuales.

   Proyectos como la Declaración de Capital Natural y la Iniciativa de Banca para el Medio Ambiente ya están en marcha para ayudar a las instituciones financieras, teniendo el cuenta el riesgo de la deforestación en sus decisiones de inversión, indicó el GCP.