Actualizado 07/03/2006 13:36 CET

Perú.- El escape de gas de TGP en Camisea sigue poniendo en peligro a la población nativa

LIMA, 7 Mar. (EUROPA PRESS) -

La rotura de un gaseoducto de la empresa Transportadora de Gas de Perú (TGP) en la reserva peruana de Camisea (centro), producida el pasado sábado y que produjo un escape de gas natural que incendió que hirió a dos personas, sigue poniendo en peligro la salud de los habitantes nativos de la zona, según informa hoy la prensa local.

Por su parte, la compañía responsable de la instalación afirmó que sólo se vertieron 750 metros cúbicos de gas líquido y que éstos fueron consumidos por el fuego. Sin embargo, desde la Dirección General de Salud del Departamento de Cuzco, al que pertence la reserva, señalaron que el gas "se sigue fugando", lo que mantiene la zona "en alerta ante el riesgo de que se produzca un nuevo incendio".

Según recuerda la prensa, dos personas resultaron heridas por el fuego, y 25 familias se encuentran en peligro de ser afectadas por los gases, por lo que se recomendó a los habitantes de zonas cercanas a la rotura del conducto, "que no beban agua ni pesquen en unos 300 metros de la zona del derrame".

El domingo, un grupo de expertos sanitarios del Gobierno acudió a la zona del escape, con el fin de proporcionar asistencia técnica a las personas afectadas por el vertido de esta sustancia contaminante.

Tras el incidente, algunos representantes políticos del país pidieron que se lleve a cabo una auditoría de carácter internacional al gaseoducto, para comprobar las posibles deficiencias de esta instalación, ante lo que se opuso el primer ministro peruano, Pedro Pablo Kuczynski.

Aún así, Kuczynski dejó 'la puerta abierta' a la posible contratación de expertos internacionales, ya que en su opinión "el Estado debe controlar y financiar la auditoría a la empresa propietaria de los conductos".

El gaseoducto de Camisea, desde su construcción en 2004, ha sufrido cinco roturas, que según la consultora E-Tech International se debieron "al uso de tubos defectuosos y sobrantes de otros proyectos", tal y como se recoge en el informe que fue entregado al Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Esta explotación de gas fue "una iniciativa" del presidente de Perú, Alejandro Toledo, que encargó los trabajos a las compañías argentinas Pluspetrol y Techint, así como a la coreana SK Corporation, la estadounidense Hunt Oil y la argelina Sonatrach.

Todas estas compañías se encargaron de la explotación de los más de 230.000 millones de metros cúbicos de gas natural y los 411 millones de barriles de producto que se generan, como el propano o el butano que posee la zona de Camisea.

Según datos de la Defensora del Pueblo de la región, desde que comenazara la explotación de gas en la zona, "se ha producido un aumento considerable de las enfermedades de la población y de la contaminación de ríos y campos".