Perú.- Hallan en Perú un mausoleo de hace 1.000 años con 22 tumbas y piezas de cerámica de la cultura preincaica Sicán

Actualizado 22/11/2006 1:27:20 CET

LIMA, 22 Nov. (EP/AP) -

Un mausoleo de unos 1.000 años de antigüedad, formado por 22 tumbas de la nobleza, que incluía piezas de cerámica y un valioso cuchillo ceremonial de cobre, fue hallado por un equipo de arqueólogos, informó el martes el jefe del grupo.

Las tumbas estaban cerca de una pirámide en el Santuario Histórico Bosque de Pómac, a 680 kilómetros al noroeste de Lima, y pertenecen a la cultura preincaica Sicán, de acuerdo con el informe. La cultura Sicán se desarrolló en la costa norte del departamento de Lambayeque entre los años 750 y 1.375 después de Cristo.

"Este es un hallazgo extraordinario", expresó el presidente de Perú, Alan García, que se trasladó el martes hasta la localidad de Ferreñafe y mostró a la prensa el cuchillo ceremonial, conocido como "tumi", colocado en un estuche.

El investigador japonés Izumi Shimada, líder del equipo de arqueólogos que estudia desde hace casi tres décadas la cultura Sicán o Lambayeque, dijo que los enterrados eran "claramente de una elite social y de ahí que algunos de ellos tengan objetos de oro, algunos otros tienen objetos de cobre laminado, pero son muy complejas, tumbas bastante amplias".

Izumi Shimada declaró que el hallazgo que más les impresionó es el "tumi", hecho de una aleación de cobre. Es de 34 centímetros de largo y tiene una representación del dios Sicán o Naylamp sentado.

Casualmente el hallazgo se produjo el pasado sábado, el mismo día que el arqueólogo japonés cumplía 58 años. Llevaba investigando esta cultura desde hacía 28 años, tres de ellos de excavaciones, informa hoy la prensa local.

"Lo que es interesante o importante es que este 'tumi' representa la imagen de la deidad Sicán", dijo Shimada, quien inició las excavaciones en julio pasado, con Carlos Elera, director del Museo Nacional de Sicán.

"El 'tumi' ha sido por muchos años el símbolo de Perú y sin embargo ningún tumi había sido encontrado o documentado científicamente. Siempre fueron ilegalmente saqueados", dijo Shimada.

"Es la primera vez que un 'tumi' como éste ha sido encontrado en su contexto, en una manera científica, y por eso podremos conocer bastante acerca de la importancia cultural de este objeto", dijo.

El culto a los muertos del pueblo sicán consistía en la colocación de ofrendas, como máscaras elaboradas con metales preciosos y aleaciones con cobre, finas piezas de cerámica, entre otros ornamentos que iban apareciendo a medida que avanzaban la excavación, y que fueron estratégicamente ubicados sobre las tumbas de los personajes descubiertos a unos diez metros de la superficie.

Las excavaciones posibilitaron documentar veinte quemas sobre el sector occidental de la pirámide, que tiene una altura de 35 metros. Además, según los expertos arqueólogos los pobladores de Sicán veneraban a sus muertos de tal forma que esta actividad era parte importante de su vida.

El conjunto funerario se encontró en tan buen estado ya que los saqueadores arqueológicos no habían tocado aún este área, informó el diario "El Comercio".

El arqueólogo Walter Alva, descubridor en los años 80, la tumba del Señor de Sipán, calificó el hallazgo de "sumamente importante". Las tumbas de Sipán pertenecieron a la cultura Moche, que dominó esa región costera del norte de Perú, entre los años 200 y 700 después de Cristo, antes de Sicán.

"Este descubrimiento viene a ser una contribución sumamente importante para conocer los rituales funerarios de la elite de esta cultura", dijo Alva, agregando que finalmente "los arqueólogos tienen la oportunidad de presentar una tumba excavada científicamente donde se puede saber el contexto de estos objetos".

Los esqueletos se disponían en las tumbas de unos 35 metros de largo por 15 metros de ancho que se disponían en varios niveles de hasta 10 metros de profundidad. "En el piso de la cámara funeraria encontramos básicamente una gran variedad de ofrendas, como cerámicas, objetos de metal, incluyendo una máscara de cobre, un vaso ceremonial, dos 'tumis', etcétera", dijo el arqueólogo japonés.

La cámara funeraria estaba adornada con 120 piezas de cerámica en miniatura, conocidas como crisoles, que se fabricaban de manera muy rápida. "Creemos que cada uno de ellos fue hecho por una persona diferente, como una suerte de última ofrenda para ser colocada en la tumba por aquellos que asistieron al funeral", explicó.

 

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