'Pigmentocracia', así se manifiesta el racismo en México

A man marches as he holds a sign during a protest against a fuel price hike in M
REUTERS / EDGARD GARRIDO
Actualizado 22/01/2018 8:23:56 CET

   CIUDAD DE MÉXICO, 21 Ene. (Notimérica)-

El racismo nunca es un fenómeno sencillo de explicar. Más allá de lo explícito, como discriminaciones legales manifiestas por el color de piel o violencia física o verbal, existe un racismo social, de hondo calado, que extiende sus raíces hacia todas las facetas de la realidad. Este es el caso de México.

   El país norteamericano, a pesar de no contar con partidos políticos o colectivos relevantes con un discurso supremacista, es racista en sus usos y sus costumbres, siendo preferible la piel blanca, algo que tiene representación evidente en espacios como la publicidad o la moda.

   Sin embargo, seis de cada diez mexicanos se consideran a sí mismos de piel morena, frente a uno, que se considera blanco. La proporción racial del país no se corresponde con otros indicadores, como que el 91 por ciento de los trabajadores manuales son de piel morena frente al 9 por ciento de los blancos, algo que ocurre a la inversa en los cargos de gerencia.

   El historiador y miembro del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Federico Navarrete, en su libro 'México racista: una denuncia', explica la situación de clasismo derivado del color de la piel que padece el país.

   "En México siempre nos dijeron que éramos mestizos y que, por esa misma uniformidad, no podíamos ser racistas. Y es mentira", afirma tajante Navarrete, quien ha asegurado que el mestizaje ha sido la bandera de la 'mexicanidad', una idea con la que unificar al país racialmente aunque de fondo "tiene un fuerte componente racista".

   "En México la desigualdad tiene la piel morena", escribe el investigador, una afirmación a la que no le faltan datos. En el país, las personas morenas tienen un 30 por ciento menos de posibilidades de alcanzar estudios superiores que los blancos, porcentaje que aumenta hasta el 58 por ciento menos de posibilidades en el caso de tener piel negra.

   De este fenómeno, que llega incluso a producir una fuerte autodiscriminación, procede la 'pigmentocracia', una palabra que describe las dificultades que vives en México cuanto más oscura sea tu piel.

   La 'pigmentocracia' abarca todas las facetas vitales, desde la vida política o la economía pasando por una desigualdad social, cultural y a nivel educativo, hasta tal nivel que Navarrete advierte que "la única defensa" para negar que le Estado mexicano "sea abiertamente racista sería argumentar que es irremediablemente inepto".

BAJO LA ALFOMBRA

   No es este, sin embargo, un fenómeno explícito. Navarrete ha explicado que "cuando llegas a México percibes la ambigüedad en el humor. Se utilizan metáforas muy machistas, racistas, homofóbicas, derogatorias del otro, pero donde la línea entre la broma y la agresión no es clara". Es precisamente este velo de 'humor' el que complica la lucha contra el racismo.

   Esta situación, además, no es socialmente condenable "porque es como el humor: en el mejor de los casos se hace de forma inconsciente y, en el peor, es hipócrita, la gente se da cuenta pero no está dispuesta a admitirlo", ha declarado Navarrete.

   "Aquí el racismo no está en las leyes, ni en el Estado, que se declara 'multicultural', sino en el ámbito privado, familiar y social. Por eso goza de buena salud, porque es difícil de combatir y modificar, más aún cuando los medios no están dispuestos a dejar de promoverlo", ha explicado el investigador de la UNAM.

   A este racismo velado se suma el hecho de que el oprimido también es, en ocasiones, opresor. Así, ocurren situaciones de discriminación contra la inmigración procedente de Centroamérica en el país.

   Según ha declarado Navarrete a 'Rusia Today', "hay una hipocresía mexicana cuando el Gobierno lamenta la falta de derechos de sus migrantes en Estados Unidos, pero hace muy poco por los migrantes dentro del país. Ahora hay un grupo del oficialismo que se empeña en demostrarle a Trump que los 'bad hombres' no son ellos, los blanquitos, sino los mexicanos más oscuros o los centroamericanos. Yo creo que si se erige el muro, ellos le dirían al Gobierno estadounidense: 'constrúyelo un poco más al sur y nosotros nos vamos a vivir al norte de esa pared y dejamos al resto de los mexicanos de otro lado'. Esa sí una actitud aspiracional".

   El libro de Navarrete, además, habla del racismo como un fenómeno democrático practicado por todos. Así explica como los blancos lo ejercen hacia aquellos morenos, estos, a su vez, contra los más morenos y, por último, estos hacia los indígenas.

   El racismo en México, una lacra que el país arrastra desde hace décadas, se encuentra tan enraizado en todos los ámbitos de la sociedad que en muchos casos ni siquiera es percibido como un problema, con lo que luchar contra él es una tarea compleja que llevará años de implementar la única cura que esta enfermedad social tiene: la educación.