Actualizado 30/08/2015 12:28 CET

Politólogos analizan el comportamiento de Venezuela ante la crisis fronteriza

   BOGOTÁ, 29 Ago. (Colprensa/ Notimérica) -

   La historia de los conflictos más tensos sucedidos entre Colombia y Venezuela siempre fueron consecuencia de las soberanía territorial. No obstante, la llegada al poder del mandatario venezolano Hugo Chávez Frías cambió sustancialmente la razón de ser de las disputas entre ambos gobiernos, según señalan los politólogos colombianos que ahora presentan un nuevo análisis sobre la crisis fronteriza.

   El director de la firma Decisive Point, consultora colombiana especializada en defensa y seguridad estratégicas, Román David Ortíz, ha subrayado la figura de Hugo Chávez como mayor punto de fricción en la diplomacia colombo-venezolana y con el cual "nació la necesidad de expandir Venezuela, ignorar cualquier tipo de costo e imponer, como único proyecto ideológico válido, su revolución bolivariana de naturaleza agresiva y radical".

   David Ortíz ha explicado que con la intervención del venezolano Hugo Chávez en las relaciones diplomáticas, las negociaciones estuvieron marcadas por un nuevo ingrediente político: "El choque entre el antiliberalismo de la economía venezolana y el capitalismo en modernización de Colombia".

   Fallecido Hugo Chávez, la estructura del régimen se ha mantenido con Nicolás Maduro que opera con las mismas directrices, claramente visible a juicio de David Ortíz, al utilizar a Colombia y el cierre de la frontera como instrumentos para encontrar "una salida política ante la crisis social y económica y de popularidad que afectan a Venezuela y envuelven a su mandatario, quien no olvida la proximidad de las elecciones".

   El analista político y escritor del libro ' El destino trágico de Venezuela', Andrés Mejía Vergnaud, ha alejado la posibilidad de riesgo por enfrentamiento bélico, si bien ha especificado que "las relaciones diplomáticas son susceptibles de sufrir un retroceso inclusive peor" al deterioro comercial desencadenado con los diálogos mantenidos durante la legislatura del expresidente colombiano Álvaro Uribe Vélez.

   "El Gobierno de Venezuela tiene por primera vez, desde que el chavismo llegó al poder, una alta probabilidad de perder el poder por la situación económica, además de la evidente presión interna que ha recibido para generar este tipo de crisis y con ello lograr llamar al patriotismo en un conflicto externo", ha evaluado Mejía Vergnaud.

   El especialista apuesta por una prolongación de esta crisis hasta bien el periodo electoral, por lo que recomienda a su Gobierno colombiano "mantener el nivel del conflicto y no ceder ante las imposiciones de Venezuela".

   Con mayor claridad, ha detallado: "El problema no se va a arreglar porque la necesidad interna de la política venezolana es la de generar crisis externas en momentos previos a las elecciones".

   La mejor medida con la que resolver el conflicto por el cierre fronterizo no es la intervención de organismos internacionales como UNASUR y la OEA, mayor eficiencia tiene, en palabras del analista, el Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Sin embargo, Andrés Mejía Vergnaud, junto a otros especialista, aprueban como mecanismo de mayor eficacia: "La congelación de los activos económicos del Gobierno venezolano para que con ello evitar las violaciones a los Derechos Humanos de los deportados y lograr presionar en un avance del diálogo".

   El cierre fronterizo de Nicolás Maduro no implica necesariamente una medida negativa para Colombia. Cierto es que Venezuela pretende frenar el desabastecimiento, mantener los subsidios y el control en los precios de los alimentos. Pero, por contra, este cierre para el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC) conllevará aspectos positivos para la economía colombiana al evitar que las poblaciones fronterizas se aprovechen del diferencial cambiario de la moneda venezolana.

    El conflicto solo puede resolverse mediante el derecho internacional que garantice tanto el respeto por los territorios, como el propio de los derechos humanos de los más de mil connacionales que, como advirtió el presidente Juan Manuel Santos, "creyeron vivir en suelo amigo" mucho antes de ver intereses políticos.