Reclusos de una cárcel de Panamá contribuyen a reforestar el país en un proyecto respaldado por el CICR

Panama
REUTERS
Publicado 13/10/2018 11:24:49CET

   El vivero construido en La Joyita cultiva árboles nativos del país y permite a quienes trabajan en él reducir sus penas

   MADRID, 13 Oct. (EUROPA PRESS) -

   Sembrando Paz. Ese es el evocador nombre que los reclusos de la cárcel de La Joyita, en Panamá, eligieron para el vivero con el que además de cultivar árboles frutales y plantas ornamentales y medicinales, también están ayudando a la reforestación del país y consiguiendo ver reducida su pena.

   El proyecto nació en noviembre de 2016 como consecuencia natural de otra iniciativa pionera en esta cárcel que alberga a 4.300 reclusos, EcoSólidos, que recicla el 80 por ciento de la basura que se produce en el centro y que, entre otras cosas, produce abono orgánico. El vivero se construyó partiendo de cero en el patio trasero de uno de los pabellones, que se encontraba inundado con aguas residuales y lleno de basura.

   "Los internos literalmente se tomaron este espacio y empezaron a sembrar hasta convertirlo en el único lugar dentro del Centro Penitenciario La Joyita donde sientes que estás en cualquier otro sitio, menos en una prisión", explica a Europa Press Sebastián Bustos, delegado de Protección del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). El organismo respalda este proyecto con asesoría técnica tanto para los trabajadores como para las autoridades y también suministra ínsumos para el vivero.

   Uno de los artífices de Sembrando Paz es Jorge Santos, administrador de empresas con conocimientos en materia agroforestal y que pasó más de tres años en la cárcel. Al ver que su estancia en el penal se prolongaba, se decidió a poner en marcha el vivero y a día de hoy, ya fuera de prisión, sigue implicado en el mismo en calidad de coordinador de proyectos del Ministerio de Ambiente panameño.

   "Sembrando Paz nace como búsqueda de más oportunidades para los reclusos sin replicar los programas existentes, pero que fueran consecuentes y productivas, alineadas a EcoSólidos, con el fin de contribuir a la resocialización de los privados de libertad al tiempo que se enseña a cuidar el medio ambiente", explica Santos a Europa Press.

CERRANDO UN CICLO

   El vivero "cierra el ciclo que se inicia en la planta de reciclaje" de EcoSólidos, en la que se convierten "los restos de comidas y otros materiales en abono orgánico" que se emplea para "alimentar las plantas y mantenerlas saludables", subraya Santos.

   Inicialmente, en el vivero trabajaban solo doce reclusos pero pronto su buen funcionamiento animó a otros a participar, llegando a contar con hasta 63 reclusos implicados. "El exceso de hacinamiento que existía y la falta de programas de resocialización han hecho que el vivero haya tenido un gran impacto y contagiado a otros internos y socios a participar", resalta.

   En general, de media cuenta con unos 50 reclusos trabajando, los cuales se han repartido las distintas tareas entre ellos empezando por las labores administrativas y de dirección y pasando por todo lo que tiene que ver con la germinación, el trasplante, la limpieza y la fumigación de los cultivos. Además, cuenta con un punto creativo en el que se realizan artesanías y otros artículos con los que promover Sembrando Paz.

CULTIVO DE ÁRBOLES NATIVOS

   Los participantes en el proyecto han conseguido cultivar con éxito árboles nativos de Panamá, que en los viveros privados no resultan rentables por su alto índice de mortalidad y porque tienen un crecimiento lento. Sin embargo, para los reclusos estos árboles --corotú, árbol Panamá y guayacán-- son los favoritos y reciben un cuidado especial.

   En los dos últimos años, Sembrando Paz ha donado más de 3.000 árboles para la reforestación de Panamá con el fin de apoyar la Alianza del Millón de Hectáreas, un pacto público-privado que tiene como objetivo reforestar, como su nombre indica, esta superficie en el país en los próximos 20 años.

   Gracias a ello, unos 50 privados de libertad han recibido autorización para salir del penal y trabajar en parques naturales del país reforestando con los árboles que se cultivan en La Joyita. Los reclusos pertenecen tanto a Sembrando Paz como a EcoSólidos y salen del centro por la mañana y regresan al término de la jornada. "Hoy podemos asegurar que la reforestación de los parques naturales de Panamá recibe una gran contribución de los privados de libertad", resalta Santos.

   Como en el caso de EcoSólidos, el proyecto contribuye a rebajar la conflictividad en el penal y tiene una contrapartida para quienes participan en él: la reducción de sus penas. Así, por cada dos días trabajados en el vivero ven descontado un día de su condena. En total, con jornadas de ocho horas seis días a la semana, los reclusos pueden restar al año cinco meses y 22 días de su pena, el máximo contemplado por la legislación panameña.

   Sembrando Paz cuenta también con el respaldo de la Dirección General del Sistema Penitenciario. "Las autoridades están enfocadas en replicar estas experiencias en los demás penales del país", resalta Santos, que se muestra "feliz de haber contribuido con un cambio y haber potenciado el deseo de transformar vidas de los trabajadores del vivero".

   El CICR está decidido a seguir apoyando este innovador proyecto en 2019 y también está tratando de acercar a socios potenciales que puedan contribuir al funcionamiento del mismo, accediendo a su producción y suministrando a los trabajadores el material necesario. Actualmente, el vivero, que maneja un inventario de unos 16.000 dólares en producción mensual, requiere una inversión mínima en materiales para el cultivo y herramientas.