Los riesgos de ir a la escuela en Centroamérica

Niños de la caravana de migrantes centroamericanos
REUTERS / LUCY NICHOLSON - Archivo
Publicado 15/06/2019 12:02:48CET

   Los peligros acechan a los menores no solo de camino al centro sino en su interior, donde las maras también se han infiltrado

   MADRID, 15 Jun. (EUROPA PRESS) -

   Ir a la escuela es un derecho, pero a los niños de Guatemala, Honduras y El Salvador cada vez les cuesta más ejercerlo. Las escuelas han dejado en muchos casos de ser un refugio en el que aprender y estar protegidos para convertirse en un lugar de reclutamiento por parte de las pandillas, así como de extorsión y de control de las vidas no solo de los estudiantes, sino también del personal docente.

   En las zonas más afectadas por la violencia en estos tres países centroamericanos, el peligro comienza incluso antes de llegar al centro educativo, durante el camino a la escuela, ya que los menores también pueden ser acosados y reclutados por las maras o incluso ser objeto de agresión física o sexual, en este caso principalmente las niñas.

   ¿El resultado? Una creciente deserción escolar que desemboca en trabajo infantil, matrimonios precoces o incluso el reclutamiento por los grupos armados que se intentó evitar con el abandono de los estudios. Así se desprende del informe 'El acceso a la educación en entornos violentos' elaborado por un grupo de ONG encabezadas por el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) con apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y ACNUR.

   Según este estudio, en 2018 el 30 por ciento de los niños y adolescentes en Honduras estaban fuera del sistema educativo --unos 890.000--, y las cifras siguen aumentando, en particular en las zonas más afectadas por la violencia. En Guatemala, se estima que hay unos 1,5 millones de niños sin escolarizar, el 25 por ciento del total, y en 2018 se registraron más de 225.000 nuevas deserciones, un 42 por ciento más que en 2017. En cuanto a El Salvador, en 2018 hubo unas 1.000 deserciones por semana --49.000 en total--.

   Estos datos vienen acompañados por un nivel de violencia elevado en los tres países que componen el Triángulo Norte. En Honduras en los tres primeros meses de 2019 se contabilizaron 9 homicidios al día, mientras que en el caso de El Salvador fueron asesinadas 8 personas al día en los cuatro primeros meses. Guatemala fue el país con más asesinatos de media diaria de los tres hasta marzo, con 13 al día.

   Las pandillas han creado "fronteras invisibles" que en ocasiones se convierten en barrera para que los niños puedan ir a la escuela o les exponen a ser víctimas de ataque. Además, el camino a la escuela es aprovechado por los pandilleros para acosar física y verbalmente a los menores, presionándoles para que se unan a sus filas, y en algunos casos incluso prohíben algunas prendas de vestir, maquillaje o peinados en el caso de las niñas y adolescentes.

ARMAS Y DROGAS DENTRO DE LAS ESCUELAS

   Pero la influencia de las maras no se queda a las puertas del centro, sino que las traspasa, en muchos casos de forma directa --en Honduras hay centros donde las pandillas pagan los sueldos de los profesores a cambio de operar en su interior-- o indirecta, a través de estudiantes involucrados que actúan como informantes, reclutadores o cobradores de extorsión. Como consecuencia de ello, se portan armas y se vende droga: el 30 por ciento de los consultados en un estudio en El Salvador dijeron que era posible comprar drogas dentro de su escuela.

   Otro factor preocupante identificado en el informe es el alto nivel de violencia sexual contra niños y adolescentes en estos tres países, tanto por parte de las maras, como dentro de los centros, por parte de profesores o de otros estudiantes. Así, en Guatemala, al menos el 4 por ciento de los estudiantes de 15 años dijeron haber sido acosados sexualmente en el mes anterior a la encuesta.

   A este panorama se viene a sumar el papel que tanto el Ejército como la Policía desempeñan. En los últimos años se ha incrementado la participación de las fuerzas militares en los centros educativos en los tres países, con el pretexto de combatir la violencia y desarticular las pandillas y maras, resalta el informe. Es frecuente que los agentes se apuesten en las entradas de los centros para revisar mochilas y que realicen patrullas en la zona.

   Según una trabajadora humanitaria en Honduras, la militarización de las escuelas "en vez de fomentar una cultura de paz, enseña a los menores que hay que tener arma para estar seguros". Además, de acuerdo con una organización humanitaria, en algunas comunidades los habitantes tienen más confianza en las pandillas que en la Policía.

OTROS FACTORES DE ABSENTISMO ESCOLAR

   No obstante, según el informe, la violencia no es el único factor que explica los altos niveles de abandono escolar en los tres países. Además de una baja inversión a nivel estatal en educación, para las familias más desfavorecidas los costes de uniformes, libros y material pueden suponer una carga imposible de asumir.

   En otros casos, consideran que es más rentable que sus hijos trabajen en casa, en las tierras familiares o fuera para contribuir económicamente al sustento familiar. No hay que olvidar que en los países del Triángulo Norte la inseguridad alimentaria es un problema muy presente. Así, el 46 por ciento de los niños en Guatemala presenta desnutrición crónica --baja estatura para la edad--, el 23 por ciento en Honduras y el 14 por ciento en El Salvador.

   También hay que tener en cuenta en este panorama el desplazamiento interno que la violencia está ocasionando en los tres países. Muchas familias optan por cambiar de lugar de residencia tras ser amenazadas o para evitar que sus hijos sean reclutados por las maras. En los tres países, existen diversos problemas a la hora de poder proceder a trasladar expedientes y certificar nivel de estudios para volver a escolarizar a los niños, por lo que su educación puede verse interrumpida.

   Por otra parte, se constatan dificultades para mantener al personal educativo, que acosado y amenazado opta en muchos casos por abandonar sus puestos. En Honduras, por ejemplo, 22 docentes fueron asesinados en 2018, nueve más que el año anterior, y a diario la Secretaría de Educación recibe diez solicitudes de traslado. Asimismo, en los tres países hay un elevado nivel de repetidores y de menores que están en un curso inferior al que les correspondería por edad.

CONSECUENCIAS DE NO IR A CLASE

   El hecho de que los niños no vayan a la escuela trae aparejados una serie de riesgos, empezando por una mayor probabilidad de que pasen a trabajar. Así, en Guatemala uno de cada cuatro niños de entre 5 y 17 años trabaja, mientras que en Honduras lo hace el 14 por ciento y en El Salvador el 9 por ciento.

   En el caso de las niñas, hay más probabilidades de matrimonio y embarazo precoz. Según el NRC, en El Salvador el 22 por ciento de las niñas desescolarizadas eran madres. En cuanto a las niñas de entre 15 y 19 años casadas, suponen el 20 por ciento en Guatemala, el 22 por ciento en Honduras y el 16 por ciento en El Salvador.

   Por último, existe el riesgo de que los menores sean reclutados. Según las organizaciones entrevistadas, el reclutamiento empieza a partir de los 7 años, y es más común a los 10 u 11 años. A esas edades los niños tienen que transportar drogas, esconder armas o trabajar como mensajeros. Con 13 o 14 años, en especial los niños, empiezan a emprender acciones criminales, como cobrar renta y participar en homicidios. En cuanto a las niñas, en general son utilizadas para explotación sexual o como trabajadoras domésticas.

   "La educación puede proteger a los niños y adolescentes de la violencia, puede aliviar el impacto psicológico de habitar en contextos violentos, ofreciendo rutinas, estabilidad y el vínculo a otros servicios esenciales. Sin embargo, para muchos menores y comunidades educativas viviendo en las zonas afectadas por la violencia en el norte de Centroamérica, las escuelas son un entorno inseguro, hasta peligroso", concluye el informe.

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