Actualizado 06/12/2014 20:13 CET

El Salvador teme un aumento de los feminicidios tras el fin de la tregua entre pandillas

SAN SALVADOR, 13 Nov. (Reuters/EP) -

El Salvador prevé una escalada de la violencia machista en el país tras el fin de la tregua entre pandillas firmada en 2012. Las principales víctimas de los conflicto entre MS-13 y Barrio 18 son sus mujeres, novias o hermanas.

Las cifras de feminicidios en El Salvador han bajado de 923 en 2010 a 175 en 2013, según cuenta Argueta en su despacho en el centro de San Salvador. Durante 2014 se han registrado 136 casos hasta ahora.

Aunque la mayoría de los casos de violencia de género se dan en los hogares de las mujeres y niñas, también hay bandas callejeras detrás de algunos crímenes. Algunos incluso han sido asesinados por dudar de los avances en violencia sexual de estas bandas.

El Gobierno achaca la violencia a las guerras de territorio entre las bandas Mara Salvatrucha (MS-13) y su rival, Barrio 18. "El camino de la violencia contra las mujeres está cambiando, las mujeres son hoy vulnerables, pero de otra manera", dice Argueta.

"Hoy hay más mujeres víctimas de la violencia como parte de un ciclo de venganza y de control territorial entre las bandas. El miembro de una banda puede acabar con su rival asesinando o violando a su novia", ha asegurado.

MÁS DE UNA DÉCADA CON MALTRATOS EN CASA

Durante casi diez años, Flor Cornet sufrió golpes en la cara y en los brazos por parte de su marido en su casa de las afueras de la capital de El Salvador. También la amenazó con llevarse a sus dos hijos y prohibirle salir de casa. Entonces, llegaron las amenazas de muerte.

"Supe que mi vida corría verdadero peligro cuando, durante uno de sus ataques de ira, me puso un machete en el cuello y me dejó una línea de cortes. Él pensaba que era mi dueño. Me decía que yo no era nadie, que no sería capaz de sobrevivir sin él porque no tenía dinero ni trabajo", cuenta Cornet.

"Al final le dejé. Cada día escuchaba noticias de mujeres asesinadas por sus maridos. No quería ser una de ellas". Los años de sufrimiento de Cornet son sólo un caso dentro de los de muchas mujeres en El Salvador, un país de seis millones de habitantes.

Surcado de pandillas, El Salvador es uno de los países con mayor violencia del mundo. Grupos de defensa de Derechos Humanos dicen que su cultura machista, que solo ve en las mujeres portadoras de niños, junto con un sistema judicial que suele fallar a favor de los criminales, favorecen la violencia machista.

En 2013, cerca de 4.000 mujeres salvadoreñas terminaron en el hospital a causa de la violencia doméstica y abusos sexuales en sus propias casas. Los grupos de defensa de Derechos Humanos aseguran que estos casos no se conocen porque el miedo impide a muchas mujeres difundirlos.

Cornet abandonó a su marido justo a tiempo. Pero para miles de mujeres en El Salvador, la violencia doméstica ha terminado con su muerte.

TRATADAS COMO BASURA

Hasta hace poco, El Salvador era conocido como la capital mundial del feminicidio, definido como el asesinato de una mujer o una niña a manos de un hombre solo por su género.

Al menos 2.250 feminicidios han sido registrados en El Salvador desde 2010 hasta septiembre de 2014, según la Organización de Mujeres por la Paz de El Salvador (ORMUSA), un grupo de defensa de Derechos Humanos local. Los autores de los asesinatos suelen ser las parejas o ex parejas de las víctimas, sus maridos, parientes o amigos.

Cada día, la prensa contiene un titular sobre mujeres y niñas asesinadas, de cadáveres tirados a los contenedores de basura. Las víctimas suelen mostrar signos de tortura, violación o mutilación de sus genitales o sus pechos.

Según ONU Mujeres, el feminicidio es un fenómeno que crece en toda la región. Los países con mayor índice de feminicidios se encuentran en América Latina y el Caribe, además de México, El Salvador, Guatemala, Honduras y Jamaica, de acuerdo con el informe de Small Arms Survey de 2012.

En 2007, Costa Rica fue el primer país latinoamericano en definir el feminicidio como un crimen. Otros siete países han seguido sus pasos; el último de ellos, El Salvador, a través de una ley que entró en vigor en 2012.

La ley formaba parte de una serie de normas que constituyen un punto de referencia en la lucha contra la violencia de género y que fueron aprobadas por el ex presidente Mauricio Funes, del partido de izquierdas Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), cuyo origen está en las guerrillas que combatieron durante la guerra civil en el país.

"El feminicidio es la máxima expresión de la violencia contra la mujer. Es producto de la misoginia y del machismo, basado en una visión del hombre como dueño del cuerpo de la mujer", señala la ex guerrillera del FMLN y hoy jefa del Instituto de El Salvador para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), Yanira Argueta.

LOS JUECES FRACASAN EN LAS CONDENAS

Los expertos afirman que la caída del número de feminicidios coincide con el armisticio de las bandas de 2012 que ya ha finalizado, y que pudo traer como consecuencia menos condenas, en lugar de menos feminicidios.

"Aún hay jueces que no se toman en serio los casos de feminicidios y no quieren enfrentarse a estos crímenes y aplicar la ley correctamente", según la juez Silvia de Bonilla, que presiden la Fundación Legal para la Mujer.

"La excusa de algunos jueces es que los malos tratos a la mujer no pueden ser probados. Así que el asesinato de una mujer se clasifica como un homicidio, cuando en realidad es un feminicidio", dice De Bonilla. "Hay casos en los que la vulva y los pechos de una mujer aparecen amputados, eso son malos tratos. Pueden probarse", añade.

TERMÓMETRO DE LA VIOLENCIA

Una estrategia para prevenir el feminicidio es ayudar a las víctimas a identificar y medir el daño que reciben y registrar los abusos antes de que se conviertan en asesinatos, según Argueta.

Las campañas de concienciación públicas y los números de teléfono directos son un termómetro que indican, marca a marca, el incremento de violencia verbal, emocional y física antes de que tenga lugar el homicidio.

El termómetro empieza en el nivel 1 con chistes hirientes, alcanzan el nivel 17 con bofetadas y escupitajos, y por último el 30 con el homicidio. "He alcanzado el nivel 24, cuando llegan las amenazas de muerte. No me daba cuenta de lo cerca que estaba de la muerte", dice Cornet.