Actualizado 31/03/2017 04:21

¿Por qué secuestraron el cadáver de Eva Perón los militares argentinos?

   BUENOS AIRES, 22 Nov. (Notimérica) -

   La muerte de Eva Perón el 26 de julio de 1952 conmocionó a la Argentina que la consideraba una de las grandes figuras políticas de su historia. Con tan solo 33 años, la mujer que había luchado por los derechos de los trabajadores y de las mujeres falleció a causa de un cáncer uterino.

   Tras su muerte, la Confederación General del Trabajo (CGT) declaró tres días de paro y el gobierno, en manos de su marido Juan Domingo Perón, estableció un duelo nacional de 30 días. El cuerpo fue velado en la Secretaría de Trabajo y Previsión para ser trasladado al Congreso de la Nación.

   Allí recibió los honores oficiales y fue traspasado finalmente a la CGT. La procesión tuvo una acogida masiva, con más de dos millones de personas que acompañaban el féretro, mientras que otras lanzaban toda clase de flores desde los balcones de sus casas.

   El evento fue grabado por el camarógrafo Edward Cronjager, miembro de la 20th Century Fox, quien recopiló las imágenes en forma de documental a color llamado 'Y la Argentina detuvo su corazón!'. Además, el gobierno dispuso que las cadenas radiofónicas señalaran cada día la hora de la muerte de Evita, a las 20:25.

   

   Para pasar a la inmortalidad, el cadáver fue embalsamado y expuesto en la CGT, sin embargo, el descanso de 'La abanderada de los humildes', como así era reconocida popularmente, duró muy poco. El 22 de noviembre de fue secuestrado y no volvió a aparecer hasta 16 años más tarde.

   La noche del 22 de noviembre de 1955, con la ya establecida Revolución Libertadora de Pedro Eugenio Aramburu (1955-1958), un comando de marinos al mando del teniente coronel Carlos Eugenio de Moori Koenig --jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE)-- entró de forma forzosa en el edificio donde se encontraban los restos embalsamados.

   Los militares quemaron las banderas argentinas que cubrían su cuerpo, que también fue objeto de vejaciones, para llevárselo más tarde en el interior de una camioneta conducida por el exgeneral Jorge Dansey Gazcón. Para continuar la clandestinidad del acontecimiento, Moori Koenig cedió el cuerpo de la Primera Dama a su mano derecha, Eduardo Arandía.

   Robar el cadáver del símbolo peronista suponía borrar, en cierto modo, el gran legado e influencia que dejó tras su paso la Primera Dama. Sin embargo, ante el temor de que este bando iniciara una contrarrevoluciones, los sucesivos dictadores, Leonardi y Aramburu, optaron por no destruir el cuerpo.

   Los peronistas seguían cada día nuevas pistas que indicaran el paradero del cuerpo, por lo que la paranoia de Arandía llegó incluso a asumir las peores consecuencias: asesinó a su mujer embarazada al oír ruidos en el cuarto donde reposaba Evita creyendo que era uno de sus perseguidores.

SEPULTURA SECRETA

   Después de este hecho, el cuerpo volvió a manos de Moori Koenig, quien instaló el féretro de pie en su oficina y lo mostraba a sus visitantes como si se tratara de un trofeo. Una de las invitadas de este, la cineasta María Luisa Bemberg, se encargó de dar la voz de alarma para la recuperación de la Primera Dama.

   Ante estas circunstancias, Aramburu destituyó a Moori Koening y le encomendó la sepultura clandestina de Evita al coronel Héctor Cabanillas. Este proceso recibió la denominación de 'Operación Traslado' y fue ideada por el entonces teniente coronel Alejandro Agustín Lanusse con la ayuda del capellán Francisco Rotger.

   El plan consistía en trasladar el cuerpo a Italia y enterrarlo en un cementerio de Milán con un nombre falso. Rotger buscó el auxilio de la Iglesia, del padre Giovanni Penco y el propio Papa Pío XII. La comunidad de la que era miembro, la Compañía de San Pablo, sería la encargada de custodiar el cuerpo.

   Por tanto, embarcaron el cuerpo en el buque 'Conte Biancamano' con destino a Génova advirtiendo que el féretro pertenecía a María Maggi de Magistris. Bajo ese mismo nombre fue enterrada en el Cementerio Mayor de Milán. De tal forma, el secreto encontró el hermetismo deseado.

   Sin embargo, en 1970, la organización guerrillera de la izquierda peronista secuestró a Aramburu, exigiendo la ubicación del cuerpo de Evita. Tras su asesinato, en 1971 el general Lanusse --por entonces, dictador de Argentina-- ordenó la 'Operación Retorno'.

   Los restos fueron recuperados el 1 de septiembre de 1971 y trasladados posteriormente Madrid, donde se encontraba exiliado Juan Domingo Perón. A pesar de las idas y venidas, el cadáver presentaba buen aspecto aunque le faltaba un dedo amputado intencionalmente y tenía la nariz levemente aplastada.

VUELTA A ARGENTINA

   El 17 de noviembre de 1972, Perón volvió a Argentina para iniciar, dos años más tarde, su tercera presidencia hasta su muerte el 1 de julio de 1974 debido al agravamiento de la cardiopatía isquémica crónica que padecía.

   Tras varios días de luto nacional, el cuerpo del general fue velado en el Congreso de la Nación y trasladado a una cripta de la Quinta Presidencia de Olivos. Así, el 17 de noviembre de ese año, María Estela Martínez, segunda esposa y sucesora de Perón, ordenó la repatriación de los restos de Evita.

   Su cadáver embalsamado, que aun se encontraba en España, fue depositado en el Altar de la Patria tras llegar a Argentina, donde descansaría junto a su marido. Sin embargo, este proyecto de mausoleo nunca se llevó a cabo por completo, por lo que en 1976 --tras el golpe militar que instauró la dictadura de Videla-- el cuerpo de Evita fue entregado a la familia Duarte.

   Desde entonces, el cuerpo se encuentra en la bóveda familiar del Cementerio de la Recoleta, en Buenos Aires. Por fin descansaba para siempre la mujer más amada y, a la vez, más odiada por sus detractores de Argentina, 24 años después de su muerte.