Mauricio Macri, del oscuro cautiverio al sillón presidencial de Argentina

Publicado 23/11/2015 23:24:56CET

   BUENOS AIRES, 23 Nov. (Notimérica) -

   Un 24 de agosto de 1991, el recién electo presidente en Argentina Mauricio Macri era secuestrado por un grupo de tres delincuentes a las puertas de su casa en Barrio Parque, uno de los barrios más cotizados de Buenos Aires.

   La banda de secuestradores, conocida como 'la banda de los comisarios', sorprendió al entonces ejecutivo del Grupo Sociedad Macri (Socma), lo golpeó y lo metió en un ataúd, una modalidad muy usada por organizaciones peligrosas y que permitía que la víctima pasara inadvertida en un control policial, ya que ante un posible registro eran pocos los agentes que se atrevían a mirar en el interior del féretro.

   Macri pasó más de media hora sin poder moverse, semidesnudo, con los ojos vendados, encapuchado y amordazado. Después, su cautiverio duraría doce días, hasta que su padre pagó un millonario rescate, según el diario argentino 'La Nación'.

   Sin embargo, su padre no fue siempre su salvador. La áspera relación con este, Franco Macri, un magnate que criticaba todos sus proyectos, lo empujó a renunciar a un futuro asegurado en las empresas de la familia y apostar por una carrera política que coronó el domingo con la presidencia de Argentina.

   "Él me boicoteaba", dijo recientemente Macri en una entrevista con un canal de televisión, confesando que el maltrato de su padre --un inmigrante italiano que logró construir un imperio-- lo preparó para soportar las presiones políticas.

   Macri debió soportar desde el inicio de su carrera política la carga de su apellido, ya que su padre es cuestionado por haberse enriquecido hace décadas con negocios poco transparentes que su grupo Socma hizo con el Estado.

   "Mauricio tiene la mente de un presidente, pero no el corazón. Es una vocación. Ser presidente de un país es renunciar a su propia vida, y eso es algo que nunca le pediría a un hijo", indicó hace dos años su padre, aunque tiempo después recompuso la relación con su hijo.

El ingeniero siempre buscó diferenciarse de su progenitor y sus asesores de imagen han trabajado duro para que el candidato luciera más relajado y, a la vez, como un político diferente a los tradicionales.

   Con una propuesta de renovación política, gestión prolija y lucha contra la corrupción, el ingeniero de centroderecha de 56 años derrotó en una segunda vuelta presidencial a Daniel Scioli, del peronismo de centroizquierda o 'kirchnerismo' que ha liderado el país durante los últimos 12 años.

LA GESTIÓN DE BOCA

   Antes de abandonar definitivamente el mundo de la empresa, Macri tomó en 1995 las riendas del club de fútbol más popular de argentina, Boca Juniors, con el que logró muchos éxitos deportivos durante sus 12 años de administración.

   "Él creyó muchísimo cuando en Boca empezó a ver que podía llevar alegrías y mejorar la vida de la gente. Eso fue como el germen que después se convirtió en este proyecto", indicó José Torello, un amigo de la infancia de Macri que lo acompaña en su vida política y que lo describe como "tímido y perseverante", según Reuters.

   El éxito en Boca fue su trampolín hacia la política: con un ímpetu renovador y un discurso llano fundó en el 2003 su propio partido y años después ganó la Alcaldía de la capital argentina, Buenos Aires, que gobernó por dos períodos consecutivos.

   Sin embargo, sus desafíos serán mayores como presidente. El opositor de centroderecha tiene por delante diversos retos, como reactivar la economía del país que, según señalaba en octubre el Fondo Monetario Internacional (FMI) muestra "tendencias insostenibles" que este próximo 2016 se traducirán en una recesión y en una mayor inflación que la de este año, ya muy elevada.

   Sus críticos aseguran que dejará desprotegida la industria local y que, aconsejado por sus asesores neoliberales, hará un ajuste fiscal que llevará a muchos a la pobreza, algo similar a lo sucedió en Argentina en la década de los 90.

Macri, que se casó tres veces y es padre de cuatro hijos, ha sido criticado por sus dificultades para "conectar" con muchos votantes que lo ven como un empresario frío que sólo beneficiaría a la clase alta.

   Sin embargo, otros alaban su ímpetu y su liderazgo. "Macri es un líder transformador, moderno, buen armador de equipos, siempre focalizado en solucionar problemas y en aprender. Creo que será un gran presidente que proyectará al país al siglo XXI", ha indicado el jefe de campaña de la alianza opositora Cambiemos, Marcos Peña.

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