Actualizado 21/01/2015 17:05 CET

Ministro de Energía de Brasil dice que "Dios es brasileño" y confía en que mande lluvias

Un hombre se protege del sol con un paraguas en un día caluroso en Sao Paulo
Foto: NACHO DOCE / REUTERS

RÍO DE JANEIRO, 21 Ene. (Notimérica) -  

  El ministro de Minas y Energía de Brasil, Eduardo Braga afronta la grave crisis hídrica y energética del país quitando importancia a los cortes en el suministro: "Dios es brasileño, tenemos que contar con que nos mandará unas lluvias para que estemos aún más tranquilos", dijo este martes para rebatir las críticas a la gestión del Gobierno.

   En su opinión, las típicas lluvias del mes de enero "han sido extremadamente raras": en Río de Janeiro, por ejemplo, sólo ha llovido dos días en todo el mes y en São Paulo, a pesar de que se han acumulado los temporales e incluso ha habido inundaciones en la ciudad en la cabecera de los ríos y en las presas que recogen el agua apenas ha llovido.

   Para evitar más apagones como los del inicio de esta semana el ministro anunció que la región Sureste -la más poblada del país- tendrá una oferta adicional de 1.500 megavatios, en gran parte suministrados por la central hidroeléctrica de Itaipú y por centrales térmicas de Petrobras que funcionarán como refuerzo hasta mediados de febrero.

   Brasil atraviesa la peor sequía en décadas y esto repercute gravemente en el suministro de energía, muy dependiente de la energía hidroeléctrica, pero mientras tanto, el país desperdicia el 37% de agua tratada y apta para el consumo, según apunta un informe del Ministerio de las Ciudades referente a 2013 y publicado este miércoles.

   La mayoría de pérdida de agua potable se debe a fallos en las canalizaciones y a conexiones clandestinas en el recorrido de las tuberías, pero las compañías que gestionan el suministro de agua, y que varían en cada Estado, alegan que sería necesaria una inversión enorme para revertir la situación y que aún así posiblemente no compensaría el ahorro de agua que se conseguiría.

   La situación varía mucho entre Estados: mientras que el Distrito Federal que acoge a la capital del país pierde el 27,3% de agua, en Amapá, estado amazónico del norte del país, el índice llega al 76,5%.

   En el área metropolitana de São Paulo, la más afectada por la sequía, se desperdicia un 30% de agua, lo que equivaldría a la capacidad total del sistema Cantareira, que abastece a 6,5 millones de personas y ahora se encuentra en una situación crítica.

   El informe del ministerio también constata que de las 100 ciudades más importantes del país, 90 no han mejorado de forma significativa los índices de pérdidas en los últimos años, y de hecho los datos no reflejan mejoras sustanciales: en 2008 se perdía el 41,4% del agua captada, en 2012 el 36,9% y en 2013 el índice no sólo no cayo, sino que subió una décima hasta el 37%.

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