Actualizado 24/01/2015 21:14 CET

São Paulo, al borde del colapso por la sequía

Brazilian flag is seen on the cracked ground of Atibainha dam, part of the Canta
Foto: NACHO DOCE / REUTERS

SÃO PAULO, 24 Ene. (Notimérica) -  

   São Paulo, la metrópolis más grande de América y uno de los principales centros financieros del mundo, vive una situación que está llevando al límite a sus más de 20 millones de habitantes: la sequía que se acumula durante meses está a punto de secar las últimas reservas de agua y es una incógnita lo que pueda pasar a partir de ahora.

   Hace meses que la población sufre cortes en el suministro de agua, pero últimamente son cada vez más frecuentes y llegan sin previo aviso: "Empezaron bajando la presión, pero desde el lunes estamos sin agua", explicaba a Notimérica Renan Camilo, vecino del barrio de Vila Buarque, en el centro de la ciudad. Los vecinos de su comunidad han optado finalmente por pagar el servicio de un camión cisterna que les garantice el abastecimiento.

   El sistema de presas de Cantareira, que suministra agua potable a 6,5 millones de personas, no se ha recuperado pese a las últimas lluvias y está al 5,3 por ciento de su capacidad, por lo que si sigue sin llover con fuerza podría secarse en marzo, apuntan los expertos.

   Ante esta situación, la Compañía de Saneamiento Básico del Estado de São Paulo (Sabesp), responsable por la gestión del agua, está estudiando incluso usar el agua de la presa Billings, que almacena 600 billones de litros, pero tan sólo para generar energía eléctrica, ya que el agua está contaminada y es de pésima calidad. La infraestructura que habría que desarrollar para limpiar ese agua hace imposible que pueda usarse inmediatamente.

   Camilo, igual que muchos de sus vecinos del centro de São Paulo, está barajando la posibilidad de dejar la ciudad una temporada. Las consecuencias de la sequía ya empiezan a notarse más allá de las incomodidades del día a día: los pequeños comercios empiezan a cerrar por falta de agua e incluso hay empresas que están dejando de contratar por la incertidumbre de lo que pueda pasar en los próximos meses.

¿QUÉ HA PASADO?

   El papel del Gobierno del Estado y de la Sabesp en la crisis está siendo muy cuestionado: según una reciente encuesta del instituto de opinión Datafolha, el 70 por ciento de los paulistanos culpan a la gestora de aguas de la situación: "Su gestión es pésima, inhumana, la peor posible", remata Camilo.

   Hace diez años la Sabesp fue parcialmente privatizada -el 49 por ciento de la compañía fue vendida a accionistas de la Bolsa de Nueva York- y aunque entonces el contrato obligaba a construir nuevas infraestructuras de captación de agua, desde entonces apenas se ha hecho nada.

   De hecho, un reciente informe gubernamental apuntaba que el 30 por ciento del agua que sale de las presas no llega hasta las casas porque se pierde debido a fallos en la red de tuberías. Consultada por Notimérica, la Sabesp ha declinado hacer declaraciones.

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   Otro factor decisivo a la hora de explicar la crisis hídrica son las elecciones generales que vivió el país el pasado mes de octubre. El gobernador del estado de São Paulo, Geraldo Âlckim, (PSDB) evitó asumir públicamente la delicada situación por miedo a perder votos, y no fue hasta pasadas las elecciones cuando se empezaron a tomar medidas.

   Ahora el Gobierno del Estado ha puesto en marcha incentivos financieros a las empresas que consuman menos y multas para los derrochadores de agua, "medidas paliativas dado el tamaño del problema" en opinión de Rebeca Lerer, miembro de la Aliança pela Agua, un colectivo que engloba a más de 50 entidades concienciadas con el problema.

   La alianza incluye pesos pesados como Greenpeace y WWF, pero también asociaciones de barrio y movimientos sociales, que se unieron el pasado mes de octubre como una respuesta de la sociedad civil a la inacción de las autoridades. El objetivo es poner sobre la mesa medidas urgentes y repensar el modelo de abastecimiento a largo plazo.

   En opinión de Lerer, São Paulo ha sido víctima de la "negligencia" política, y de la falta de planeamiento, lo que crea situaciones paradójicas, como que el mismo barrio que está sufriendo inundaciones -como ha pasado en los últimos temporales- no tenga agua potable, porque depende de presas que están a cientos de kilómetros. São Paulo tiene mucha agua, pero está contaminada, apunta la activista.

   "Hemos llegado a una situación de emergencia. Habrá desafíos logísticos gigantescos. Las autoridades tendrán que ver cómo distribuir el mínimo de agua potable (...) para escuelas, hospitales, bomberos, policía..." explica Lerer, que incluso vaticina que las botellas de agua mineral empezarán a subir de precio de forma exponencial.

MÁS ALLÁ DE SÃO PAULO

   Pero el problema no es sólo de São Paulo; en Río de Janeiro un extremadamente seco mes de enero ha provocado que la presa Paraibuna, la mayor de las que abastecen al Estado, haya llegado al 'volumen muerto' por primera vez en su historia. El nivel de agua está por debajo de las compuertas, lo que obliga a bombearla e impide que la central hidroeléctrica funcione.

   Y es que el problema de la sequía ha generado directamente otra crisis, la energética, ya que la gran mayoría de los recursos energéticos de Brasil provienen de las grandes centrales hidroeléctricas, siguiendo un modelo vigente desde la época militar. Con las presas vacías, el sureste de Brasil no genera la energía suficiente, menos aún en pleno verano, cuando se registran los mayores picos de consumo.

   Se da la paradoja de que Brasil posee el 13 por ciento de las reservas de agua dulce del mundo, pero un 70 por ciento se encuentran en la Amazonia, muy lejos de las grandes metrópolis del sudeste, como São Paulo, Río de Janeiro o Belo Horizonte.

   El Gobierno Federal empieza a calibrar poco a poco la dimensión del problema en la región: "Nunca se ha visto una situación tan sensible y tan preocupante", confesó este viernes la ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira.

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