Actualizado 11/01/2015 10:50 CET

El estadio de Maracaná no es rentable después de su millonaria reforma

Maracaná
Foto: GE LIGHTING

   RÍO DE JANERIO, 11 Ene. (Notimérica) -

   El mítico estadio de Maracaná de Río de Janeiro, reformado totalmente para el último Mundial de Fútbol, supone meses después un quebradero de cabeza para sus gestores, que no consiguen que sea rentable por la baja afluencia de público, ahuyentado por los altos precios de las entradas.

   El estadio de Maracaná se construyó hace 65 años, pero en 2013 se sometió a una reforma integral para estar listo para la Copa de Confederaciones de 2013 y el Mundial de Fútbol de 2014. Las obras costaron 808 millones de reales (362 millones de dólares), pero el proyecto original, que incluía aparcamientos y un gran centro comercial a su alrededor, no se pudo llevar a cabo.

   Junto al Maracaná se alzan un estadio de atletismo y una piscina, dos equipamientos muy frecuentados por atletas profesionales y que iban a desaparecer bajo la piqueta. La presión popular consiguió salvarlos y la concesionaria Maracaná S.A. -controlada mayoritariamente por la constructora Oderbrecht- empezó a gestionar el estadio sin la que iba a ser su principal fuente de ingresos, las tiendas. Con ello esperaban ingresar 19 millones de reales al año (7,1 millones de dólares).

   El secretario de la Casa Civil del Estado de Río de Janeiro, Leonardo Espíndola, aseguró esta semana que Oderbrecht quiere "una readecuación de la concesión de Maracaná" porque "el flujo de personas ha disminuido". Al principio la empresa esperaba recibir de media 37.000 personas por evento, pero la media a día de hoy es 24.000, y eso teniendo en cuenta que durante los partidos del Mundial de Fútbol el estadio estaba lleno a rebosar, como pocas veces ocurre.

   Y es que el nuevo Maracaná ha dejado de ser el estadio popular donde se agolpaban más de 100.000 personas. En los partidos del pasado Campeonato Brasileño la ocupación fue del 20%, y en el Campeonato Carioca -que enfrenta a los equipos de Río de Janeiro- llegó apenas al 8%. Recientemente incluso el alcalde de la ciudad, Eduardo Paes, sugirió que las entradas para esta competición costaran un real para animar al público a regresar a Maracaná.

   Pero la gran mayoría no pueden pagar el precio de las entradas, que se incrementó notablemente después de la millonaria reforma, y así, las cuentas no salen: abrir el estadio cuesta 300.000 reales por partido (112.600 dólares), y tan sólo cuidar del césped ya consume otros 100.000 reales al mes (37.500 dólares). Oderbrecht alega que hace todo lo que puede para que el coliseo sea rentable, desde las clásicas visitas guiadas para turistas hasta celebraciones de bodas en la tribuna, pero no es suficiente.

   Ahora el Gobierno del Estado de Río de Janeiro, a quien pertenece el estadio, está barajando la posibilidad de cambiar las condiciones del contrato e incluso de abrir un nuevo concurso para abrir la gestión a otras empresas interesadas, ya que la gestión de Maracaná es enteramente privada, a diferencia de lo que ocurre con el resto de estadios construidos para el Mundial, que sí tienen participación de la administración pública.

   El estadio de Maracaná se construyó originalmente para el Mundial de Fútbol de 1950. Tras el profundo lavado de cara al que se sometió para ver como Alemania se coronaba campeona del mundo el año pasado ya empieza a prepararse para los Juegos Olímpicos de 2016, puesto que albergará las ceremonias de apertura y de clausura.

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