Actualizado 06/09/2015 18:36 CET

Enrique Peña Nieto, tres años entre reformas y protesta social

   MÉXICO DF, 6 Sep. (Notimérica) -

   Con su popularidad en niveles mínimos, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, llega al ecuador de su mandato. Y también con todo lo que ha venido cargando, tanto bueno como malo, durante estos tres años. Las reformas. Los aplausos de la comunidad internacional y sus posteriores tirones de oreja. La portada en la revista Time. La huida de 'El Chapo' Guzmán o Ayotzinapa.

   El mandatario presentó esta semana su Tercer Informe de Gobierno, con el que proporcionó una optimista panorámica del país que se ha enfrentado a las consideraciones más moderadas de expertos y asociaciones civiles.

   En el terreno económico, proclamó que el poder adquisitivo de los mexicanos aumentó un 5,58 por ciento, mencionó los logros en inversión extranjera y en el desarrollo industrial, subrayando el papel de sectores como el automotriz.

   "Las cifras de violencia han disminuido y la tranquilidad está regresando a sus calles"; "los delincuentes más peligrosos ya no son una amenaza para la ciudadanía porque se están desarticulando sus capacidades operativas" o "la cifra de homicidios se redujo en un 24,3 por ciento en comparación con 2012", fueron algunas de las citas mencionadas cuando se adentró en el terreno de la seguridad y la violencia.

   La perspectiva de Peña Nieto choca, en realidad, con el día a día de millones de mexicanos, con las numerosas marchas que llenan las calles, los informes de las ONGs y las múltiples recomendaciones de expertos, que claman por solucionar el gran tema pendiente de la nación: la impunidad, raíz de la corrupción.

   La asociación 'Alto el Secuestro' alertaba hace unas semanas que este delito había aumentado en un 28,05 por ciento en junio de 2015. La cifra de desaparecidos supera las 25.000 personas. Amnistía Internacional advierte que el país está "lejos" de alcanzar la justicia en casos de tortura.

   El drama de los migrantes centroamericanos --incluidos menores no acompañados-- de los que se pierde el rastro al atravesar México y que son carne de los grupos criminales sigue siendo un gran problema que no se ha podido atajar. Y las agresiones a la prensa aumentaron en un 80 por ciento desde que Peña Nieto está en el poder, como denuncia la asociación 'Artículo 19'.

   El propio Informe gubernamental plasma que la cantidad de personas que no se sienten seguras en México ha subido, y ya equivale al 73,3 por ciento de la población. Además, un estudio realizado por el medio mexicano 'Sin Embargo' asegura que Peña Nieto ha cubierto únicamente 28 de los 266 compromisos que firmó durante su campaña electoral en 2012. Si quisiera cumplirlos todos, necesitaría otros 28,5 años más en el poder.

   El presidente se ha caracterizado estos últimos años por esgrimir la bandera de la modernización de México. El deseo por mostrar un México adaptado a su tiempo le llevó también a una relación más estrecha con las redes sociales.

   Su último hito en la red fue su transmisión en Periscope de cómo se preparaba para presentar el Tercer Informe. La anécdota de cómo se le resbala la banda presidencial al ponerla sobre su escritorio se volvió, como no podía ser de otra forma, viral.

   Anécdotas aparte, la base de la modernización que pretende Peña Nieto está en sus trece reformas estructurales, que han protagonizado la primera mitad de su ciclo y a las que hace referencia prácticamente a diario en sus apariciones públicas. El presidente pone su fe en los resultados de estas medias, que cubren terrenos como el de la educación, la justicia, la transparencia, la competencia o el sector energético.

   Al fin y al cabo, fueron estas las que lo llevaron a protagonizar la popular portada de la revista 'Time' en la que aparecía bajo el rótulo "Saving Mexico" ("Salvando a México"). Era febrero del 2014 y a Peña Nieto le quedaban pocos meses para gozar del aplauso internacional. A finales de septiembre ocurrió el acontecimiento que dio el golpe más bajo a su imagen: la desaparición de los 43 estudiantes 'normalistas' de la normal rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero.

   Tampoco salió ileso del escándalo de "La Casa Blanca", destapado por el equipo de la periodista mexicana Carmen Aristegui. En un reportaje, se desvelaba el supuesto conflicto de interés que se dio cuando la esposa del presidente, Angélica Rivera, compró una exclusiva casa al Grupo Higa.

   El problema estaba en que dicha empresa había obtenido contratos con Peña Nieto, cuando ejercía como gobernador del Estado de México y al llegar al mandato nacional. La fuga de Joaquín 'El Chapo' Guzmán el pasado julio volvió a poner en jaque la actuación y eficacia de la seguridad mexicana.

   Las protestas por varias de sus reformas también se han sucedido ininterrumpidamente en el interior del país. Especialmente sensible fue la reforma energética, con la que se abría el petróleo mexicano al sector privado. También la educativa, que desembocó en múltiples protestas y huelgas de los sindicatos de la educación, quienes se han visto despojados de ciertos privilegios y van a tener que someterse a partir de ahora a evaluaciones docentes.

   Peña Nieto enfrenta la segunda mitad de su mandato con un nuevo impulso. Hace una semana realizó una decena de cambios en su gabinete; una estrategia que para algunos expertos constituye una labor de "maquillaje", y presenta matices estratégicos de cara a las próximas elecciones presidenciales de 2018.

   Para "fortalecer el desarrollo del país", en la presentación del Tercer Informe dio a conocer diez nuevas medidas. Son las nuevas metas a alcanzar durante estos tres años restantes, y van desde fomentar el desarrollo de las áreas rurales con mayor marginación hasta mantener la austeridad presupuestaria, pasando por otras como concretar el Acuerdo Nacional para la Justicia Cotidiana o crear una Secretaría de Cultura.

   Dice que emprende esta segunda etapa con absoluta "determinación", comprometido "con la ley, la justicia, los derechos humanos y con la integridad en su servicio público". Los ciudadanos, escépticos, desde su casa o en el clamor de las calles, vigilan sus palabras.